Domingo 1 Noviembre 2026

Proverbios 23 y Jueces 13

LECTURA DIARIA

PROVERBIOS 23:4-5, 17-19, 23, 26, 29-30

No te afanes por hacerte rico; Sé prudente, y desiste. ¿Has de poner tus ojos en las riquezas, siendo ningunas? Porque se harán alas Como alas de águila, y volarán al cielo.

No tenga tu corazón envidia de los pecadores, Antes persevera en el temor de Jehová todo el tiempo; Porque ciertamente hay fin, Y tu esperanza no será cortada. Oye, hijo mío, y sé sabio, Y endereza tu corazón al camino.

Compra la verdad, y no la vendas; La sabiduría, la enseñanza y la inteligencia.

Dame, hijo mío, tu corazón, Y miren tus ojos por mis caminos.

¿Para quién será el ay? ¿Para quién el dolor? ¿Para quién las rencillas? ¿Para quién las quejas? ¿Para quién las heridas en balde? ¿Para quién lo amoratado de los ojos? Para los que se detienen mucho en el vino, Para los que van buscando la mistura.

JUECES 13:1-3, 5, 7-8, 12, 23-24

Los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los ojos de Jehová; y Jehová los entregó en mano de los filisteos por cuarenta años. Y había un hombre de Zora, de la tribu de Dan, el cual se llamaba Manoa; y su mujer era estéril, y nunca había tenido hijos.A esta mujer apareció el ángel de Jehová, y le dijo: He aquí que tú eres estéril, y nunca has tenido hijos; pero concebirás y darás a luz un hijo.

Pues he aquí que concebirás y darás a luz un hijo; y navaja no pasará sobre su cabeza, porque el niño será nazareo a Dios desde su nacimiento, y él comenzará a salvar a Israel de mano de los filisteos.

Y me dijo: He aquí que tú concebirás, y darás a luz un hijo; por tanto, ahora no bebas vino, ni sidra, ni comas cosa inmunda, porque este niño será nazareo a Dios desde su nacimiento hasta el día de su muerte.Entonces oró Manoa a Jehová, y dijo: Ah, Señor mío, yo te ruego que aquel varón de Dios que enviaste, vuelva ahora a venir a nosotros, y nos enseñe lo que hayamos de hacer con el niño que ha de nacer.

Entonces Manoa dijo: Cuando tus palabras se cumplan, ¿cómo debe ser la manera de vivir del niño, y qué debemos hacer con él?

Y su mujer le respondió: Si Jehová nos quisiera matar, no aceptaría de nuestras manos el holocausto y la ofrenda, ni nos hubiera mostrado todas estas cosas, ni ahora nos habría anunciado esto. Y la mujer dio a luz un hijo, y le puso por nombre Sansón. Y el niño creció, y Jehová lo bendijo.

Proverbios 23 nos invita a cuidar aquello que ocupa nuestro corazón, porque nuestras decisiones, deseos y compañías terminan influyendo en el rumbo de nuestra vida. Nos advierte sobre la codicia, la envidia, los excesos y las palabras engañosas, recordándonos que no todo lo que parece atractivo nos conviene. Hay una exhortación especialmente importante: «Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón». ¡Qué necesario es esto! No podemos permitir que los deseos desordenados, las comparaciones o las preocupaciones de la vida desplacen la Palabra de Dios. También encontramos una enseñanza hermosa sobre la crianza: la corrección acompañada de sabiduría y amor forma parte de la responsabilidad de los padres, y el hijo que aprende a caminar en verdad trae alegría al corazón de quienes lo instruyen. El capítulo nos anima a adquirir sabiduría, disciplina y entendimiento, y nos recuerda que no debemos envidiar a los pecadores, sino mantener nuestra mirada en el respeto a Dios, porque hay esperanza para nuestro futuro. En Jueces 13 conocemos a una mujer que no podía tener hijos y que recibió la visita del ángel de Jehová, quien le anunció que concebiría un hijo: Sansón. Antes de su nacimiento, ya había instrucciones para su crianza y consagración; el niño sería nazareo desde el vientre y comenzaría a librar a Israel de los filisteos. Su padre, Manoa, pidió orientación para saber cómo debían criar al niño y qué debían hacer con él. ¡Qué hermoso ejemplo de responsabilidad! No se conformó con escuchar que tendría un hijo; quiso conocer cómo debía prepararse para cumplir esa tarea. La respuesta del mensajero confirmó las instrucciones que ya habían sido dadas a su esposa. También vemos la prudencia de ella cuando Manoa sintió temor después de comprender que habían visto al mensajero de Dios: le recordó que, si Jehová hubiera querido destruirlos, no habría aceptado su ofrenda ni les habría revelado aquellas cosas. Este relato nos enseña que la fe también necesita serenidad para reconocer la bondad de Dios en medio de lo que no comprendemos. Sansón todavía no había nacido, pero su historia ya estaba rodeada de propósito, dirección y responsabilidad. Sin embargo, conoceremos más adelante que tener un llamado no elimina la necesidad de cultivar obediencia y dominio propio. ¡Cuánto debemos aprender de esto! No basta con desear un buen futuro para nuestros hijos ni con recibir una responsabilidad de parte de Dios; necesitamos instruir, acompañar, perseverar y vivir nosotros mismos los principios que deseamos transmitir. En medio de las pruebas, las esperas y las responsabilidades, nuestro Padre amado nos invita a mantenernos atentos, confiar en Sus promesas y actuar con sabiduría. La perseverancia no consiste solamente en resistir las dificultades, sino en continuar haciendo lo correcto mientras confiamos en Dios. Que nuestro Padre amado nos conceda un corazón firme, una mente llena de Su Palabra y sabiduría para formar, cuidar y orientar a quienes ha puesto bajo nuestra responsabilidad, sin perder la esperanza ni apartar nuestra mirada del retorno de nuestro Señor Jesucristo.

Nos quedan dos meses. No bajemos la guardia, no descuidemos la Palabra y no perdamos el entusiasmo.

Sigamos caminando juntos, con fe, amor y perseverancia, hasta el retorno de nuestro Señor Jesucristo.

¡Todavía tenemos mucho por aprender y mucho por crecer! Que noviembre y diciembre sean meses de una fe más firme y un corazón más dispuesto.

Cada libro, cada capítulo y cada enseñanza han sido parte de un camino de crecimiento. No leamos solamente para terminar el año; leamos para que Su Palabra siga formando nuestra vida

Qué hermoso poder mirar atrás y reconocer cuánto hemos caminado en Su Palabra. Y qué hermoso saber que todavía seguimos adelante.

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