Domingo 10 Mayo 2026

Salmos 106; Hechos 10

LECTURA DIARIA

SALMOS 106:7-8, 13, 21, 34-36, 44, 48

Nuestros padres en Egipto no entendieron tus maravillas; No se acordaron de la muchedumbre de tus misericordias, Sino que se rebelaron junto al mar, el Mar Rojo. Pero él los salvó por amor de su nombre, Para hacer notorio su poder.

Bien pronto olvidaron sus obras; No esperaron su consejo.

Olvidaron al Dios de su salvación, Que había hecho grandezas en Egipto,

No destruyeron a los pueblos Que Jehová les dijo; Antes se mezclaron con las naciones, Y aprendieron sus obras, Y sirvieron a sus ídolos, Los cuales fueron causa de su ruina.

Con todo, él miraba cuando estaban en angustia, Y oía su clamor;

Bendito Jehová Dios de Israel, Desde la eternidad y hasta la eternidad; Y diga todo el pueblo, Amén. Aleluya.

HECHOS 10:9, 11-12, 14-15, 30-35

Al día siguiente, mientras ellos iban por el camino y se acercaban a la ciudad, Pedro subió a la azotea para orar, cerca de la hora sexta.

y vio el cielo abierto, y que descendía algo semejante a un gran lienzo, que atado de las cuatro puntas era bajado a la tierra; en el cual había de todos los cuadrúpedos terrestres y reptiles y aves del cielo.

Entonces Pedro dijo: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda he comido jamás. Volvió la voz a él la segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común.

Entonces Cornelio dijo: Hace cuatro días que a esta hora yo estaba en ayunas; y a la hora novena, mientras oraba en mi casa, vi que se puso delante de mí un varón con vestido resplandeciente, y dijo: Cornelio, tu oración ha sido oída, y tus limosnas han sido recordadas delante de Dios. Envía, pues, a Jope, y haz venir a Simón el que tiene por sobrenombre Pedro, el cual mora en casa de Simón, un curtidor, junto al mar; y cuando llegue, él te hablará. Así que luego envié por ti; y tú has hecho bien en venir. Ahora, pues, todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios, para oír todo lo que Dios te ha mandado. Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia.

El Salmo 106 y Hechos 10 revelan una verdad muy profunda: el problema más grande del ser humano no suele ser la falta de información, sino la tendencia del corazón a olvidar, endurecerse y reducir a Dios al tamaño de su propio entendimiento. El Salmo 106 muestra a Israel viendo maravillas, provisión y dirección sobrenatural, pero aun así volviendo constantemente a la queja, al temor y a la idolatría. En el pensamiento oriental, “olvidar” las obras de Dios no significaba perder recuerdos, sino dejar de vivir conscientes de quién es Él. Y cuando el corazón pierde esa conciencia, empieza a reaccionar desde ansiedad, orgullo o deseo desordenado. Por eso el salmo revela un patrón fuerte: el pueblo veía el poder de Dios, pero muchas veces seguía pensando como esclavo.

Y esto conecta directamente con Hechos 10. Pedro amaba a Dios genuinamente, caminaba con Cristo Jesús y había visto milagros, pero todavía tenía estructuras mentales limitadas por tradición y cultura. La visión del lienzo no era realmente acerca de comida; era una confrontación al corazón. En la mentalidad judía de la época, llamar “impuro” a un gentil significaba considerarlo fuera del alcance espiritual correcto. Pero nuestro Padre amado le muestra a Pedro que Su gracia es más amplia que los sistemas humanos. Aquí hay un orientalismo muy profundo: cuando Dios dice “no llames común lo que yo limpié”, está derribando muros mentales, religiosos y emocionales que impedían ver a las personas desde el amor y propósito de Dios.

Luego aparece Cornelio, un gentil temeroso de Dios, mostrando que el Espíritu Santo ya estaba obrando más allá de los límites que muchos creyentes pensaban posibles. Esto confronta algo muy actual: a veces creemos que conocemos bien a Dios, pero todavía hay áreas donde pensamos desde prejuicios, heridas, orgullo espiritual o tradiciones humanas. Y nuestro Padre amado constantemente trabaja para expandir nuestra capacidad de amar, comprender y reflejar a Cristo Jesús.

El Salmo 106 también enseña que el pueblo “se mezcló con las naciones” y aprendió prácticas incorrectas; esto no habla solo de convivencia, sino de permitir que pensamientos y conductas ajenas a Dios formen el corazón. Por eso la vigilancia espiritual del tema del año es tan importante: lo que una persona contempla constantemente termina moldeando su manera de vivir.

Velar es examinar constantemente qué pensamientos están moldeando el corazón.

Estar firmes es permanecer en la verdad de Cristo Jesús aunque confronte ideas viejas o cómodas.

Esforzarse en amor es aprender a ver a otros desde la gracia y no desde etiquetas humanas.

Una persona puede amar a Dios sinceramente y aun así necesitar renovación profunda de mente.

El peligro no siempre es rebelarse abiertamente; a veces es vivir desconectados de la conciencia diaria de quién es nuestro Padre amado.