Domingo 15 Febrero 2026

Salmos 33; Mateo 19

LECTURA DIARIA

Salmos 33:4, 8-9, 12, 18-21

Porque recta es la palabra de Jehová, Y toda su obra es hecha con fidelidad.

Tema a Jehová toda la tierra; Teman delante de él todos los habitantes del mundo. Porque él dijo, y fue hecho; Él mandó, y existió.

Bienaventurada la nación cuyo Dios es Jehová, El pueblo que él escogió como heredad para sí.

He aquí el ojo de Jehová sobre los que le temen, Sobre los que esperan en su misericordia, Para librar sus almas de la muerte, Y para darles vida en tiempo de hambre. Nuestra alma espera a Jehová; Nuestra ayuda y nuestro escudo es él. Por tanto, en él se alegrará nuestro corazón, Porque en su santo nombre hemos confiado.

Mateo 19:6, 14, 21, 26, 29

Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.

Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.

Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme.

Y mirándolos Jesús, les dijo: Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible.

Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna.

En Salmos 33 no solo se exalta el poder creador de Dios, se nos confronta directamente con una pregunta incómoda: ¿en qué estás poniendo tu seguridad? David desmonta la autosuficiencia humana y declara que ni la fuerza, ni los recursos, ni la estrategia sostienen la vida; lo que realmente preserva es el temor reverente y la confianza activa en la misericordia del Señor. No es una confianza pasiva, es una espera consciente, diaria, disciplinada. Luego, en Mateo 19, Jesús lleva esa verdad al terreno práctico: honra el diseño del matrimonio como pacto sagrado, no como contrato emocional; recibe a los niños mostrando que la Palabra se vive desde la dependencia y no desde la autosuficiencia; y confronta al joven rico revelando que la obediencia externa no compensa un corazón dividido. El problema no era que tuviera bienes, sino que los bienes lo tenían a él.

Confiar en Dios significa soltar el control, honrar nuestros compromisos aunque cueste, cultivar humildad real y examinar qué ocupa el primer lugar.