Domingo 15 Marzo 2026
Salmos 62; Marcos 3
LECTURA DIARIA


Salmos 62:1-2, 5-8
En Dios solamente está acallada mi alma; De él viene mi salvación. Él solamente es mi roca y mi salvación; Es mi refugio, no resbalaré mucho.
Alma mía, en Dios solamente reposa, Porque de él es mi esperanza. Él solamente es mi roca y mi salvación. Es mi refugio, no resbalaré. En Dios está mi salvación y mi gloria; En Dios está mi roca fuerte, y mi refugio. Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos; Derramad delante de él vuestro corazón; Dios es nuestro refugio. Selah
Marcos 3:1, 5, 14, 32-33, 35
Otra vez entró Jesús en la sinagoga; y había allí un hombre que tenía seca una mano.
Entonces, mirándolos alrededor con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y la mano le fue restaurada sana.
Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar,
Y la gente que estaba sentada alrededor de él le dijo: Tu madre y tus hermanos están afuera, y te buscan. Él les respondió diciendo: ¿Quién es mi madre y mis hermanos?
Porque todo aquel que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, y mi hermana, y mi madre.
En Salmos 62 y Evangelio de Marcos 3 vemos dos escenas que apuntan a la misma verdad: la verdadera firmeza nace cuando el corazón descansa en nuestro Padre amado y permanece obediente a Su propósito. En el salmo, David declara que su alma espera en silencio delante de Dios; en la mentalidad oriental, el silencio delante de un rey era una señal de confianza y reverencia, como quien sabe que su ayuda viene de la autoridad que tiene delante. David afirma que Dios es su roca y su refugio, recordándonos que en un mundo cambiante la estabilidad interior proviene de confiar en el Padre y no en las riquezas o en la fuerza humana. Luego, en Marcos 3, Jesucristo sana al hombre de la mano seca aun cuando los religiosos lo observaban para acusarlo, mostrando que el amor y la restauración están por encima de la rigidez religiosa. También llama a los doce para que estén con Él y para enviarlos a predicar, revelando que el discipulado comienza en la cercanía con Cristo antes que en la acción. Ambos pasajes nos recuerdan algo muy práctico: cuando el corazón aprende a descansar en nuestro Padre y a permanecer cerca de Jesucristo, podemos caminar firmes aun cuando haya oposición o presión alrededor, porque la verdadera seguridad no está en las circunstancias sino en la relación viva con Dios.
