Domingo 17 Mayo 2026
Salmos 110; Hechos 13
LECTURA DIARIA


SALMOS 110:1, 3
Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.
Tu pueblo se te ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder, En la hermosura de la santidad. Desde el seno de la aurora Tienes tú el rocío de tu juventud.
HECHOS 13:1-2, 36, 38-39, 47
Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía, profetas y maestros: Bernabé, Simón el que se llamaba Niger, Lucio de Cirene, Manaén el que se había criado junto con Herodes el tetrarca, y Saulo. Ministrando estos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado.
Porque a la verdad David, habiendo servido a su propia generación según la voluntad de Dios, durmió, y fue reunido con sus padres, y vio corrupción.
Sabed, pues, esto, varones hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados, y que de todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree.
Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, A fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra.
En el Salmo 110 y Hechos 13 se revela algo profundamente poderoso: mientras el hombre muchas veces mira limitaciones, oposición o procesos, nuestro Padre amado sigue gobernando y llevando adelante Su propósito en Cristo Jesús. El Salmo 110 muestra al Mesías sentado a la diestra de Dios, posición que en el pensamiento oriental representa autoridad, honra y gobierno absoluto. Y en Hechos 13, esa autoridad comienza a manifestarse activamente cuando el Espíritu Santo aparta a Pablo y Bernabé para extender el Evangelio. Esto enseña que Dios no llama a sus hijos a vivir pasivos, sino conscientes de que forman parte de un Reino vivo y en expansión.
También se ve algo muy práctico: aun cuando hubo rechazo y oposición, ellos permanecieron firmes y llenos de propósito. Porque la verdadera firmeza espiritual no depende de la aceptación de las personas, sino de permanecer alineados a lo que Dios habló. Muchas veces el creyente puede cansarse, distraerse o enfocarse demasiado en circunstancias visibles, pero esta lectura recuerda que Cristo Jesús sigue reinando y que nada puede detener lo que nuestro Padre amado decidió establecer.
Velar es vivir conscientes de la dirección de Dios y no distraídos por la presión del entorno.
Estar firmes es continuar caminando en obediencia aun cuando no todos comprendan el propósito.
Esforzarse en amor es reflejar a Cristo Jesús aun en medio de oposición o cansancio.
El Reino de Dios avanza cuando hijos sensibles a su llamado permanecen disponibles y alineados.
Nuestro Padre amado sigue levantando hijos que no viven desde temor ni rutina religiosa, sino desde la convicción de que Cristo Jesús reina, guía y sostiene cada proceso. Y quien permanece vigilante, firme y esforzado en amor comienza a reflejar Su verdad, gracia y autoridad en cada área de la vida.
