Domingo 18 Enero 2026
Salmos 16; Mateo 7
LECTURA DIARIA
Salmos 16:1-2, 8, 11
Guárdame, oh Dios, porque en ti he confiado. Oh alma mía, dijiste a Jehová: Tú eres mi Señor; No hay para mí bien fuera de ti.
A Jehová he puesto siempre delante de mí; Porque está a mi diestra, no seré conmovido.
Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre.
Mateo 7:20-21, 24-25
Así que, por sus frutos los conoceréis. No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.
Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca.
Salmos 16 nos muestra una verdad poderosa: la verdadera seguridad no está en lo que tenemos, sino en a Quién pertenecemos. David declara que Jehová es su porción, su herencia y su consejo. El que decide vivir bajo la guía de Dios camina con firmeza, aun cuando el entorno sea inestable. Aquí no hay fe superficial: hay una vida anclada en Dios, de día y de noche.
Mateo 7 , por su parte, nos confronta con una fe práctica y examinada. Jesucristo deja claro que no todo el que habla de Dios vive para Dios. La diferencia no está en lo que se dice, sino en si se obedece. El capítulo culmina con una imagen contundente: dos casas, dos fundamentos, una sola prueba. La tormenta llega a ambos, pero solo permanece el que edificó sobre la roca.
Juntos, estos capítulos nos llaman a una fe vigilante, firme y obediente. No basta escuchar la Palabra: hay que vivirla. No basta comenzar bien: hay que permanecer firmes hasta el final.


Llegar a la tercera semana del año no es casualidad. Aquí se prueba si la fe es solo emoción de inicio o convicción que persevera.
Salmos 16 nos recuerda que el creyente que decide poner a Jehová delante de sí no vive a la deriva, no camina según el ánimo del día, sino guiado por una relación constante con Papá.
Salmos 16:8
“A Jehová he puesto siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido.”
Pero Mateo 7 nos confronta aún más profundo: escuchar la Palabra no es suficiente. Leer sin obedecer endurece; oír sin aplicar engaña. La verdadera firmeza se construye cuando lo que lees empieza a gobernar tus decisiones, tus palabras y tu manera de vivir.
Mateo 7:24
“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca.”
Las tormentas no preguntan si lees la Biblia, llegan igual. La diferencia no está en si vienen, sino en sobre qué estás edificado. Por eso el llamado de Dios en este tiempo no es solo a leer, sino a velar mientras lees, a examinar tu vida a la luz de la Palabra.
1 Corintios 16:13
“Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos.”
Seguir leyendo en esta etapa del año es un acto espiritual de resistencia. Es decirle al alma: no me gobierna la rutina, me gobierna la verdad. Es afirmar que tu fe no depende del entusiasmo, sino de una disciplina espiritual que te mantiene despierto.
Salmos 16:11
“Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo.”
El gozo no se pierde por leer la Palabra, se pierde por dejarla.
Cuando dejamos de leer, dejamos de discernir; cuando dejamos de discernir, comenzamos a construir sobre arena sin darnos cuenta.
Mateo 7:26–27
“Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace… grande fue su ruina.”
📌 No sueltes la lectura ahora.
📌 No abandones el hábito que está formando tu carácter espiritual.
📌 No te conformes con haber empezado bien: permanece.
Gálatas 6:9
“No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.”
Lee aunque no tengas ganas.
Ora aunque no sientas emoción.
Obedece aunque cueste.
Permanece aunque otros se detengan.
✅ El que sigue leyendo, sigue edificando.
✅ El que sigue edificando, permanece firme.
✅ Y el que permanece firme, honra a Dios con su vida.
