Domingo 19 Julio 2026

Salmos 127 y Romanos 11

LECTURA DIARIA

SALMOS 127:1-5

Si Jehová no edificare la casa, En vano trabajan los que la edifican; Si Jehová no guardare la ciudad, En vano vela la guardia. Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, Y que comáis pan de dolores; Pues que a su amado dará Dios el sueño. He aquí, herencia de Jehová son los hijos; Cosa de estima el fruto del vientre. Como saetas en mano del valiente, Así son los hijos habidos en la juventud. Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos; No será avergonzado Cuando hablare con los enemigos en la puerta.

ROMANOS 11:6, 17-18, 20, 22, 33, 36

Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra.

Pues si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo olivo silvestre, has sido injertado en lugar de ellas, y has sido hecho participante de la raíz y de la rica savia del olivo, no te jactes contra las ramas; y si te jactas, sabe que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti.

Bien; por su incredulidad fueron desgajadas, pero tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme.

Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad; pues de otra manera tú también serás cortado.

¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!

Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.

*Salmo 127 y Romanos 11 nos llevan a una verdad profundamente poderosa: Dios debe ocupar el centro de todo lo que construimos y de todo lo que esperamos. El Salmo 127 comienza mostrando que si Jehová no edifica la casa, el trabajo humano termina siendo vano; en el pensamiento oriental, “la casa” no era simplemente una estructura, sino la familia, la descendencia y todo aquello que una persona levantaba para asegurar su futuro, mientras que “velar” por la ciudad representaba el esfuerzo constante del hombre por proteger lo que considera suyo. El salmista no condena el trabajo ni la responsabilidad, sino la autosuficiencia: trabajar sin Dios es cansarse intentando sostener con fuerzas humanas lo que solo puede afirmarse bajo Su cuidado. Luego, Romanos 11 nos muestra a Dios como el olivo y presenta la imagen de ramas naturales y ramas injertadas; en la cultura oriental, el injerto comunicaba que una rama separada no tenía vida independiente, sino que debía recibir la savia del árbol al que era incorporada. Pablo utiliza esta figura para confrontar el orgullo y enseñar que nadie puede presumir delante de Dios, porque todo lo que somos y recibimos proviene de Su misericordia.* Salmo 127 nos dice “no construyas confiando en ti mismo”, y Romanos 11 nos dice “no presumas como si la raíz dependiera de ti”. Mientras aguardamos fielmente el retorno de Cristo Jesús, permanezcamos firmes en santidad, fortalecidos en la gracia y profundamente humildes delante de nuestro Padre amado, reconociendo que nuestra familia, nuestro servicio, nuestra fe y nuestra perseverancia necesitan depender de Él. Porque cuando dejamos de intentar sostenerlo todo con nuestras propias fuerzas y aprendemos a permanecer unidos a la raíz, entendemos que la gracia no solo nos salva: también nos sostiene, nos guarda del orgullo y nos enseña a vivir con gratitud, reverencia y plena confianza en Dios.

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