Domingo 20 Septiembre 2026
Proverbios 5; Deuteronomio 25
LECTURA DIARIA


PROVERBIOS 5:1-4 8, 18-19, 21-23
Hijo mío, está atento a mi sabiduría, Y a mi inteligencia inclina tu oído, Para que guardes consejo, Y tus labios conserven la ciencia.
Aleja de ella tu camino, Y no te acerques a la puerta de su casa;
Porque los labios de la mujer extraña destilan miel, Y su paladar es más blando que el aceite; Mas su fin es amargo como el ajenjo, Agudo como espada de dos filos.
Sea bendito tu manantial, Y alégrate con la mujer de tu juventud, Como cierva amada y graciosa gacela. Sus caricias te satisfagan en todo tiempo, Y en su amor recréate siempre.
Porque los caminos del hombre están ante los ojos de Jehová, Y él considera todas sus veredas. Prenderán al impío sus propias iniquidades, Y retenido será con las cuerdas de su pecado. Él morirá por falta de corrección, Y errará por lo inmenso de su locura.
DEUTERONOMIO 25:1, 4-5, 13-15
Si hubiere pleito entre algunos, y acudieren al tribunal para que los jueces los juzguen, estos absolverán al justo, y condenarán al culpable.
No pondrás bozal al buey cuando trillare. Cuando hermanos habitaren juntos, y muriere alguno de ellos, y no tuviere hijo, la mujer del muerto no se casará fuera con hombre extraño; su cuñado se llegará a ella, y la tomará por su mujer, y hará con ella parentesco.
No tendrás en tu bolsa pesa grande y pesa chica, ni tendrás en tu casa efa grande y efa pequeño. Pesa exacta y justa tendrás; efa cabal y justo tendrás, para que tus días sean prolongados sobre la tierra que Jehová tu Dios te da.
Proverbios 5 nos presenta la voz de un padre que, con amor y ocupación, advierte a su hijo sobre el peligro de dejarse seducir por aquello que parece agradable, pero termina amargando la vida. La enseñanza no se limita a la inmoralidad sexual; nos invita a reconocer que muchas desviaciones comienzan cuando dejamos de escuchar la sabiduría y permitimos que una voz engañosa gane espacio en nuestro corazón. Por eso, el padre llama a mantenerse lejos de aquello que puede destruir la fidelidad, la paz, el hogar y la comunión con Dios, y anima a valorar con alegría el amor dentro del matrimonio. Deuteronomio 25, por su parte, lleva la integridad a las relaciones cotidianas: enseña a actuar con justicia, no aprovecharse del débil, utilizar medidas honestas y no olvidar la responsabilidad hacia la familia y la comunidad. Ambos capítulos nos muestran que Dios observa tanto las decisiones íntimas como las acciones que otros pueden ver; la fidelidad no se demuestra únicamente con palabras, sino también en lo que escogemos cuando nadie nos está mirando. Para el creyente, velar significa prestar atención a las voces, deseos, conversaciones e influencias que pueden apartarlo del camino; significa establecer límites antes de caer, cuidar los compromisos asumidos, hablar con verdad y tratar a los demás sin engaño ni abuso. Nuestro Padre amado nos llama a vivir con un corazón íntegro, porque aquello que protegemos en secreto terminará reflejándose en nuestra conducta. Así permanecemos firmes en la Palabra, actuamos con amor y avanzamos con fidelidad, esperando el retorno de nuestro Señor Jesucristo
