Domingo 21 Junio 2026

Salmos 119:112-128; Hechos 28

LECTURA DIARIA

SALMOS 119:114, 116-117, 120, 125, 127-128

Mi escondedero y mi escudo eres tú; En tu palabra he esperado.

Susténtame conforme a tu palabra, y viviré; Y no quede yo avergonzado de mi esperanza. Sostenme, y seré salvo, Y me regocijaré siempre en tus estatutos.

Mi carne se ha estremecido por temor de ti, Y de tus juicios tengo miedo. Ayin

Tu siervo soy yo, dame entendimiento Para conocer tus testimonios.

Por eso he amado tus mandamientos Más que el oro, y más que oro muy puro. Por eso estimé rectos todos tus mandamientos sobre todas las cosas, Y aborrecí todo camino de mentira. Pe

HECHOS 28:3, 5, 8-9, 14, 16, 23, 28, 30-31

Entonces, habiendo recogido Pablo algunas ramas secas, las echó al fuego; y una víbora, huyendo del calor, se le prendió en la mano.

Pero él, sacudiendo la víbora en el fuego, ningún daño padeció.

Y aconteció que el padre de Publio estaba en cama, enfermo de fiebre y de disentería; y entró Pablo a verle, y después de haber orado, le impuso las manos, y le sanó. Hecho esto, también los otros que en la isla tenían enfermedades, venían, y eran sanados;

donde habiendo hallado hermanos, nos rogaron que nos quedásemos con ellos siete días; y luego fuimos a Roma,

Cuando llegamos a Roma, el centurión entregó los presos al prefecto militar, pero a Pablo se le permitió vivir aparte, con un soldado que le custodiase.

Y habiéndole señalado un día, vinieron a él muchos a la posada, a los cuales les declaraba y les testificaba el reino de Dios desde la mañana hasta la tarde, persuadiéndoles acerca de Jesús, tanto por la ley de Moisés como por los profetas.

Sabed, pues, que a los gentiles es enviada esta salvación de Dios; y ellos oirán.

Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento.

*Salmo 119 113–128 y Hechos de los Apóstoles 28 presentan una verdad extraordinaria: cuando la Palabra de Dios ocupa el centro del corazón, las circunstancias dejan de determinar la fidelidad del creyente. El salmista declara su amor por la verdad de Dios y su rechazo a la doblez de ánimo, reconociendo que la Palabra es su refugio, su escudo y la base de su esperanza. En el pensamiento oriental, el corazón no era visto como el centro de las emociones únicamente, sino como el lugar donde se toman las decisiones y se define el rumbo de la vida. Por eso el salmista insiste en inclinarse hacia los mandamientos de Dios. En Hechos 28 vemos esa misma realidad reflejada en Pablo: después de naufragar, ser mordido por una serpiente y enfrentar innumerables desafíos, continúa sirviendo, enseñando y anunciando la Palabra de Dios con libertad y convicción. No permite que las circunstancias definan su identidad ni su propósito.* Ambos pasajes nos enseñan que la verdadera madurez espiritual se manifiesta cuando una persona permanece estable porque su confianza descansa en Dios y no en las condiciones que la rodean. Mientras aguardamos el retorno de Cristo Jesús, somos llamados a desarrollar un corazón firme en la verdad, permitiendo que la Palabra de Dios gobierne nuestras decisiones, fortalezca nuestra esperanza y nos mantenga constantes en amor. Porque quien aprende a refugiarse en la fidelidad de nuestro Padre amado puede atravesar naufragios, oposiciones y desafíos sin perder la paz, la dirección ni el propósito que Dios está desarrollando en su vida.

El salmista encontró refugio en la Palabra de Dios y Pablo permaneció fiel aun después del naufragio, la serpiente y el encarcelamiento. Ambos entendieron que la seguridad verdadera no depende de las circunstancias, sino de la fidelidad de nuestro Padre amado. Mientras aguardamos el retorno de Cristo Jesús, permitamos que Su Palabra sea nuestro refugio, nuestra guía y nuestra esperanza. Porque quien permanece firme en Dios puede atravesar cualquier desafío sin perder la paz, la fe ni el propósito que Él está desarrollando en su vida.

1 Corintios 16:13-14

“Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos. Todas vuestras cosas sean hechas con amor.”

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