Domingo 23 Agosto 2026

Salmos 143 y Números 27

LECTURA DIARIA

SALMOS 143:5, 8, 10

Me acordé de los días antiguos; Meditaba en todas tus obras; Reflexionaba en las obras de tus manos. Hazme oír por la mañana tu misericordia, Porque en ti he confiado; Hazme saber el camino por donde ande, Porque a ti he elevado mi alma.

Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; Tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud.

NÚMEROS 27:15-19

Entonces respondió Moisés a Jehová, diciendo: Ponga Jehová, Dios de los espíritus de toda carne, un varón sobre la congregación, que salga delante de ellos y que entre delante de ellos, que los saque y los introduzca, para que la congregación de Jehová no sea como ovejas sin pastor. Y Jehová dijo a Moisés: Toma a Josué hijo de Nun, varón en el cual hay espíritu, y pondrás tu mano sobre él; y lo pondrás delante del sacerdote Eleazar, y delante de toda la congregación; y le darás el cargo en presencia de ellos.

Salmos 143 y Números 27 muestran a personas que, en momentos distintos del camino, reconocen que avanzar correctamente requiere mucho más que fuerza: requiere dirección de Dios. David, en medio de la angustia, no pide solamente que cambien sus circunstancias; clama: «Hazme oír por la mañana tu misericordia… hazme saber el camino por donde ande» y «Enséñame a hacer tu voluntad». En el pensamiento oriental, conocer el camino implicaba también aprender a caminar conforme a él; por eso David no busca únicamente saber qué hacer, sino tener un corazón dispuesto a obedecer. Números 27 presenta a Moisés llegando al final de su recorrido y, en lugar de quedarse centrado en aquello que no alcanzaría a vivir, se preocupa por quienes continuarían después de él y pide a Dios un hombre que esté delante de la congregación, «para que la congregación de Jehová no sea como ovejas que no tienen pastor». David pide dirección para sus propios pasos; Moisés piensa en la dirección de toda la congregación. Uno aprende a ser guiado; el otro se preocupa por quienes seguirán caminando. Ambos muestran que la madurez espiritual no consiste solamente en pedir que Dios abra el camino, sino en aprender a caminar correctamente cuando Él lo muestra. Para cada creyente esto lleva a una pregunta práctica: ¿se está buscando solamente que Dios resuelva las circunstancias, o también se está permitiendo que Él enseñe cómo caminar dentro de ellas? Y para el Cuerpo de Cristo aparece otra responsabilidad: nadie puede vivir la fe de otro, pero cada creyente puede fortalecer, acompañar y cuidar a quienes caminan a su lado. La Iglesia avanza junta, pero cada persona debe asumir delante de Dios su propia obediencia. No siempre será posible conocer todo el recorrido, pero sí se puede buscar dirección para el siguiente paso; no siempre se verá el resultado, pero sí se puede ser fiel en la etapa presente. En este caminar de agosto, avanzar con constancia significa comenzar cada día buscando la misericordia de Dios, permanecer sensibles a Su dirección, obedecer lo que Él muestra y procurar que la propia fidelidad también sea de bendición para otros. Mientras se aguarda fielmente el retorno de Cristo Jesús, se continúa corriendo con paciencia, puestos los ojos en Jesús, velando, firmes en la fe y haciendo todas las cosas con amor. Dios no exige que se vea todo el camino; llama a confiar en quien lo conoce completo, permanecer cerca de Él y dar fielmente el paso que corresponde hoy.

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