Domingo 24 Mayo 2026

Salmos 113 y Hechos 16

LECTURA DIARIA

SALMOS 113:1-3, 5-9

Alabad, siervos de Jehová, Alabad el nombre de Jehová. Sea el nombre de Jehová bendito Desde ahora y para siempre. Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone, Sea alabado el nombre de Jehová.

¿Quién como Jehová nuestro Dios, Que se sienta en las alturas, Que se humilla a mirar En el cielo y en la tierra? Él levanta del polvo al pobre, Y al menesteroso alza del muladar, Para hacerlos sentar con los príncipes, Con los príncipes de su pueblo. Él hace habitar en familia a la estéril, Que se goza en ser madre de hijos. Aleluya.

HECHOS 16:13-14, 16-18, 22-34

Y un día de reposo salimos fuera de la puerta, junto al río, donde solía hacerse la oración; y sentándonos, hablamos a las mujeres que se habían reunido. Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía.

Aconteció que mientras íbamos a la oración, nos salió al encuentro una muchacha que tenía espíritu de adivinación, la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando. Esta, siguiendo a Pablo y a nosotros, daba voces, diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación. Y esto lo hacía por muchos días; mas desagradando a Pablo, este se volvió y dijo al espíritu: Te mando en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella. Y salió en aquella misma hora.

Y se agolpó el pueblo contra ellos; y los magistrados, rasgándoles las ropas, ordenaron azotarles con varas. Después de haberles azotado mucho, los echaron en la cárcel, mandando al carcelero que los guardase con seguridad. El cual, recibido este mandato, los metió en el calabozo de más adentro, y les aseguró los pies en el cepo. Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían. Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron. Despertando el carcelero, y viendo abiertas las puertas de la cárcel, sacó la espada y se iba a matar, pensando que los presos habían huido. Mas Pablo clamó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí. Él entonces, pidiendo luz, se precipitó adentro, y temblando, se postró a los pies de Pablo y de Silas;y sacándolos, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa. Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa. Y él, tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas; y en seguida se bautizó él con todos los suyos. Y llevándolos a su casa, les puso la mesa; y se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios.

En el Salmo 113 y Hechos 16 se revela una de las verdades más profundas del corazón de nuestro Padre amado: aunque Él es exaltado, eterno y soberano sobre todo, también se acerca intencionalmente al quebrantado, al humilde y al que humanamente parece olvidado. El salmista declara que Dios “se humilla a mirar” los cielos y la tierra, y en el pensamiento oriental esto era impactante, porque ningún rey poderoso descendía hacia personas consideradas pequeñas o sin valor. Sin embargo, nuestro Padre amado no actúa como los sistemas humanos; Él levanta al pobre del polvo y al necesitado del muladar, mostrando que Su gracia no depende de posición social, apariencia o condición humana. Y Hechos 16 muestra exactamente esa naturaleza de Dios manifestándose en medio del sufrimiento.Son golpeados, humillados y encarcelados injustamente, pero aun así adoran. Esto revela una madurez espiritual demasiado profunda: la adoración verdadera no nace de comodidad, sino de una convicción firme acerca de quién es Dios aun cuando las circunstancias no cambian inmediatamente. En la mentalidad romana, la cárcel simbolizaba derrota, vergüenza y silencio; pero mientras otros probablemente dormían en desesperación, ellos oraban y cantaban. Y aquí está lo poderoso: antes de que las cadenas físicas se rompieran, sus corazones ya eran libres. Entonces el terremoto sacude la prisión y el carcelero termina preguntando cómo ser salvo, porque una vida firme en medio del dolor se convierte en evidencia viva del poder de Cristo Jesús.

Velar es no permitir que el dolor apague la comunión con Dios; estar firmes es seguir adorando aun cuando el alma atraviese noches difíciles; y esforzarse en amor es comprender que incluso los procesos pueden convertirse en escenarios donde otros conozcan la gracia y salvación de nuestro Padre amado. Porque cuando alguien permanece verdaderamente cerca de Dios, deja de definir su vida por las cadenas visibles y comienza a reflejar una libertad interior que ninguna circunstancia puede apagar.