Domingo 26 Julio 2026
Salmos 130 y Romanos 14
LECTURA DIARIA


SALMOS 130:1, 3-8
De lo profundo, oh Jehová, a ti clamo.
JAH, si mirares a los pecados, ¿Quién, oh Señor, podrá mantenerse? Pero en ti hay perdón, Para que seas reverenciado. Esperé yo a Jehová, esperó mi alma; En su palabra he esperado. Mi alma espera a Jehová Más que los centinelas a la mañana, Más que los vigilantes a la mañana. Espere Israel a Jehová, Porque en Jehová hay misericordia, Y abundante redención con él; Y él redimirá a Israel De todos sus pecados.
ROMANOS 14:1, 4, 7-8, 10, 17, 19
Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones.
¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme.
Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí. Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos.
Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo.
porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.
Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación.
Salmo 130 y Romanos 14 se unen para enseñarnos que Dios no busca una fe basada en la apariencia, sino un corazón humilde que reconoce su necesidad de Su gracia y aprende a extender esa misma gracia a los demás. En Salmo 130, el salmista clama "desde lo profundo", una expresión que, en el pensamiento oriental, no describía únicamente un lugar físico, sino la profundidad de la angustia, la culpa y la impotencia humana. Desde ese lugar descubre que en Dios no hay condenación para quien se vuelve a Él con un corazón sincero, porque en Él hay perdón y abundante redención. Luego, en Romanos 14, Pablo lleva esa misma verdad a la vida comunitaria: quien ha sido alcanzado por la misericordia de Dios no puede convertirse en juez de sus hermanos por asuntos secundarios de conciencia. En la cultura oriental, compartir la mesa era una señal de aceptación, comunión y pertenencia; por eso las diferencias sobre alimentos y días especiales podían amenazar la unidad de la iglesia. Pablo recuerda que el Reino de Dios no consiste en reglas externas, sino en justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo, y que cada creyente vive para el Señor y le rendirá cuentas a Él.
Cuanto más conscientes somos del perdón que hemos recibido, menos espacio queda para el orgullo, la crítica y el desprecio hacia los demás. Mientras aguardamos fielmente el retorno de Cristo Jesús, permanezcamos firmes en santidad, fortalecidos en la gracia y aprendamos a mirar a nuestros hermanos con la misma misericordia con la que nuestro Padre amado nos ha mirado. Porque una iglesia que conoce la profundidad del perdón de Dios deja de levantar muros de juicio y comienza a construir puentes de amor, restauración y esperanza, reflejando el carácter de Cristo Jesús en un mundo que necesita experimentar Su gracia.
