Domingo 28 Diciembre 2025

Zacarías 7 - 9; Apocalipsis 19

LECTURA DIARIA

Apocalipsis 19:1-2, 6-8, 11, 13, 16, 19-20

Después de esto oí una gran voz de gran multitud en el cielo, que decía: ¡Aleluya! Salvación y honra y gloria y poder son del Señor Dios nuestro; porque sus juicios son verdaderos y justos; pues ha juzgado a la gran ramera que ha corrompido a la tierra con su fornicación, y ha vengado la sangre de sus siervos de la mano de ella.

Y oí como la voz de una gran multitud, como el estruendo de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que decía: ¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina! Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos.

Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea.

Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS.

Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES.

Y vi a la bestia, a los reyes de la tierra y a sus ejércitos, reunidos para guerrear contra el que montaba el caballo, y contra su ejército. Y la bestia fue apresada, y con ella el falso profeta que había hecho delante de ella las señales con las cuales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia, y habían adorado su imagen. Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre.

"Apocalipsis 19 nos muestra el cierre glorioso de toda espera: el cielo estalla en alabanza porque la justicia de Dios finalmente se manifiesta. No hay duda, no hay ambigüedad: Dios juzga con verdad y reina con autoridad. El creyente con mente renovada entiende que la fidelidad no fue en vano, que mantenerse firme valió la pena. Aquí vemos a Jesucristo como Rey victorioso, no como figura lejana, sino como el Señor que pelea por los suyos y cumple cada promesa. La gracia no fue permisiva, fue formadora; preparó a un pueblo vestido de lino limpio, firme, despierto y alineado. Este capítulo nos recuerda que no vivimos para sobrevivir, sino para perseverar hasta el final, sabiendo que la victoria ya está asegurada desde el cielo."