Domingo 28 Junio 2026
Salmos 119:161-176; Romanos 3
LECTURA DIARIA


SALMOS 119:161-162, 164-167, 174
Príncipes me han perseguido sin causa, Pero mi corazón tuvo temor de tus palabras. Me regocijo en tu palabra Como el que halla muchos despojos.
Siete veces al día te alabo A causa de tus justos juicios. Mucha paz tienen los que aman tu ley, Y no hay para ellos tropiezo. Tu salvación he esperado, oh Jehová, Y tus mandamientos he puesto por obra. Mi alma ha guardado tus testimonios, Y los he amado en gran manera.
He deseado tu salvación, oh Jehová, Y tu ley es mi delicia.
ROMANOS 3:10, 22-26, 28
Como está escrito: No hay justo, ni aun uno;
la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.
Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.
Salmo 119 161–176 y Epístola a los Romanos 3 convergen en una verdad fundamental: la justicia, la paz y la esperanza no nacen del esfuerzo humano, sino de la fidelidad de Dios y de la confianza en Su Palabra. El salmista declara que aun cuando es perseguido injustamente, su corazón permanece reverente ante la Palabra de Dios y encuentra en ella gozo, paz y dirección. En el pensamiento oriental, la paz (shalom) no era simplemente ausencia de conflictos, sino una condición de integridad, estabilidad y bienestar que surge de vivir en armonía con Dios. Por su parte, Romanos 3 demuestra que ningún ser humano puede alcanzar la justicia por sus propios méritos, pues todos han fallado y necesitan la gracia de Dios. Pablo revela que la justicia verdadera es un regalo disponible por medio de la fe en Cristo Jesús.
Ambos pasajes nos recuerdan que la firmeza espiritual no se construye sobre nuestra capacidad, conocimiento o desempeño, sino sobre la verdad de Dios y Su gracia. Mientras aguardamos el retorno de Cristo Jesús, caminemos por fe descansando en lo que Dios ha hecho y no únicamente en lo que nosotros podemos hacer. Porque cuando el corazón se aferra a la Palabra de Dios y confía en Su gracia, encuentra una paz que las circunstancias no pueden quitar y una esperanza que permanece firme hasta el cumplimiento de las promesas de nuestro Padre amado.
El salmista encontró paz en la Palabra de Dios y Pablo enseñó que la justicia se recibe por fe. Ambos pasajes nos recuerdan que la estabilidad espiritual no proviene de nuestras fuerzas, sino de confiar en lo que Dios ha dicho y en lo que Dios ha provisto. Mientras aguardamos el retorno de Cristo Jesús, permanezcamos firmes en la fe, amando Su Palabra y descansando en Su gracia, porque nuestro Padre amado es fiel para sostener a quienes ponen su confianza en Él.
1 Corintios 16:13
“Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos.”
