Domingo 29 Marzo 2026

Salmos 77, Marcos 9

LECTURA DIARIA

Salmos 77:1-3, 6-7, 11-14

Con mi voz clamé a Dios, A Dios clamé, y él me escuchará. Al Señor busqué en el día de mi angustia; Alzaba a él mis manos de noche, sin descanso; Mi alma rehusaba consuelo. Me acordaba de Dios, y me conmovía; Me quejaba, y desmayaba mi espíritu. Selah

Me acordaba de mis cánticos de noche; Meditaba en mi corazón, Y mi espíritu inquiría: ¿Desechará el Señor para siempre, Y no volverá más a sernos propicio?

Me acordaré de las obras de JAH; Sí, haré yo memoria de tus maravillas antiguas. Meditaré en todas tus obras, Y hablaré de tus hechos. Oh Dios, santo es tu camino; ¿Qué dios es grande como nuestro Dios? Tú eres el Dios que hace maravillas; Hiciste notorio en los pueblos tu poder.

Marcos 9:2-3, 14, 17-19, 21-24, 29, 33, 35

Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan, y los llevó aparte solos a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos. Y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como la nieve, tanto que ningún lavador en la tierra los puede hacer tan blancos.

Cuando llegó a donde estaban los discípulos, vio una gran multitud alrededor de ellos, y escribas que disputaban con ellos.

Y respondiendo uno de la multitud, dijo: Maestro, traje a ti a mi hijo, que tiene un espíritu mudo, el cual, dondequiera que le toma, le sacude; y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando; y dije a tus discípulos que lo echasen fuera, y no pudieron. Y respondiendo él, les dijo: ¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo.

Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? Y él dijo: Desde niño. Y muchas veces le echa en el fuego y en el agua, para matarle; pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos. Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad.

Y les dijo: Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno.

Y llegó a Capernaum; y cuando estuvo en casa, les preguntó: ¿Qué disputabais entre vosotros en el camino?

Entonces él se sentó y llamó a los doce, y les dijo: Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos.

En Salmos 77 y en Marcos 9 vemos el contraste entre un corazón que lucha en medio de la aflicción y uno que aprende a afirmarse en la verdad de nuestro Padre amado. El salmista comienza angustiado, recordando, preguntando y sintiendo que Dios se ha olvidado; en la mentalidad oriental, expresar el dolor delante de Dios no era falta de fe, sino parte de una relación real y sincera. Pero hay un giro poderoso: decide hacer memoria de las obras de Dios, recordando cómo abrió camino en el mar, imagen hebrea del caos, mostrando que Dios domina lo imposible. Luego, en Marcos 9, vemos a Jesucristo en la transfiguración, revelando Su gloria a sus discípulos; en ese contexto, el monte representaba encuentro con Dios, revelación y transformación. También aparece un padre desesperado que dice: “creo; ayuda mi incredulidad”, mostrando una fe honesta que reconoce su necesidad. Jesús libera al muchacho y enseña que hay situaciones que requieren oración y dependencia total. Más adelante, corrige a sus discípulos sobre la grandeza, enseñando que en el Reino el mayor es el que sirve; en la cultura judía, esto rompe totalmente con la lógica humana de poder.

Estos pasajes nos enseñan que una vida firme no niega el proceso, pero decide enfocarse en quién es Dios. Permanecer firmes es recordar en medio de la angustia, creer aun cuando hay lucha interna y caminar en humildad, dependiendo completamente de nuestro Padre. Cuando vivimos así, nuestra fe madura, nuestra perspectiva cambia y reflejamos a Cristo Jesús no solo en momentos altos, sino también en medio de la prueba, actuando siempre con amor.