Domingo 4 Octubre 2026

Proverbios 11 y Josué 6

LECTURA DIARIA

PROVERBIOS 11:1, 3, 11-13, 22, 24-25

El peso falso es abominación a Jehová; Mas la pesa cabal le agrada.

La integridad de los rectos los encaminará; Pero destruirá a los pecadores la perversidad de ellos.

Por la bendición de los rectos la ciudad será engrandecida; Mas por la boca de los impíos será trastornada. El que carece de entendimiento menosprecia a su prójimo; Mas el hombre prudente calla. El que anda en chismes descubre el secreto; Mas el de espíritu fiel lo guarda todo.

Como zarcillo de oro en el hocico de un cerdo Es la mujer hermosa y apartada de razón.

Hay quienes reparten, y les es añadido más; Y hay quienes retienen más de lo que es justo, pero vienen a pobreza. El alma generosa será prosperada; Y el que saciare, él también será saciado.

JOSUÉ 6:1-5, 10, 16, 20, 22-25, 27

Ahora, Jericó estaba cerrada, bien cerrada, a causa de los hijos de Israel; nadie entraba ni salía. Mas Jehová dijo a Josué: Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, con sus varones de guerra. Rodearéis, pues, la ciudad todos los hombres de guerra, yendo alrededor de la ciudad una vez; y esto haréis durante seis días. Y siete sacerdotes llevarán siete bocinas de cuernos de carnero delante del arca; y al séptimo día daréis siete vueltas a la ciudad, y los sacerdotes tocarán las bocinas. Y cuando toquen prolongadamente el cuerno de carnero, así que oigáis el sonido de la bocina, todo el pueblo gritará a gran voz, y el muro de la ciudad caerá; entonces subirá el pueblo, cada uno derecho hacia adelante.

Y Josué mandó al pueblo, diciendo: Vosotros no gritaréis, ni se oirá vuestra voz, ni saldrá palabra de vuestra boca, hasta el día que yo os diga: Gritad; entonces gritaréis.

Y cuando los sacerdotes tocaron las bocinas la séptima vez, Josué dijo al pueblo: Gritad, porque Jehová os ha entregado la ciudad.

Entonces el pueblo gritó, y los sacerdotes tocaron las bocinas; y aconteció que cuando el pueblo hubo oído el sonido de la bocina, gritó con gran vocerío, y el muro se derrumbó. El pueblo subió luego a la ciudad, cada uno derecho hacia adelante, y la tomaron.

Mas Josué dijo a los dos hombres que habían reconocido la tierra: Entrad en casa de la mujer ramera, y haced salir de allí a la mujer y a todo lo que fuere suyo, como lo jurasteis. Y los espías entraron y sacaron a Rahab, a su padre, a su madre, a sus hermanos y todo lo que era suyo; y también sacaron a toda su parentela, y los pusieron fuera del campamento de Israel. Y consumieron con fuego la ciudad, y todo lo que en ella había; solamente pusieron en el tesoro de la casa de Jehová la plata y el oro, y los utensilios de bronce y de hierro. Mas Josué salvó la vida a Rahab la ramera, y a la casa de su padre, y a todo lo que ella tenía; y habitó ella entre los israelitas hasta hoy, por cuanto escondió a los mensajeros que Josué había enviado a reconocer a Jericó.

Estaba, pues, Jehová con Josué, y su nombre se divulgó por toda la tierra.

Proverbios 11 y Josué 6 nos enseñan que la obediencia se demuestra tanto en nuestra manera de vivir como en nuestra disposición a perseverar cuando todavía no vemos el resultado. Proverbios nos recuerda, mediante el contraste entre el justo y el impío, que Dios mira la integridad de nuestro corazón: la honestidad en lo pequeño, la prudencia al hablar y la generosidad con lo que hemos recibido. Nuestras palabras pueden edificar o destruir, y nuestra conducta puede convertirse en una fuente de bien para quienes nos rodean. Josué 6 nos lleva frente a los muros de Jericó, donde Israel recibió instrucciones que no respondían a una estrategia militar convencional: debía marchar, guardar silencio, esperar la señal y obedecer hasta el final. Día tras día caminaron sin ver caer los muros, pero permanecieron atentos a la dirección de Dios, y en el momento indicado la muralla cayó. ¡Qué hermoso paralelismo! Proverbios nos enseña a ser íntegros en lo cotidiano, y Josué nos muestra a permanecer fieles ante los desafíos. Ambos capítulos nos invitan a preguntarnos: ¿estamos haciendo lo correcto aun cuando nadie nos observa?, ¿nuestras palabras dan vida?, ¿seguimos confiando y obedeciendo cuando todavía no vemos cambios? Nuestro Padre amado no solamente nos muestra el camino; por Su gracia nos enseña a caminarlo con sabiduría, dominio propio y perseverancia. La obediencia nace de un corazón firme: se refleja en la integridad de nuestras decisiones y se demuestra cuando seguimos confiando en la Palabra sin permitir que los obstáculos nos hagan retroceder. Así vive un creyente atento, y así permanece la Iglesia, firme en la fe y llena de amor mientras aguarda el retorno de nuestro Señor Jesucristo.

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