Domingo 5 Julio 2026
Salmos 121; Romanos 5
LECTURA DIARIA


SALMOS 121:1-3, 5-8
Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, Que hizo los cielos y la tierra. No dará tu pie al resbaladero, Ni se dormirá el que te guarda.
Jehová es tu guardador; Jehová es tu sombra a tu mano derecha. El sol no te fatigará de día, Ni la luna de noche. Jehová te guardará de todo mal; Él guardará tu alma. Jehová guardará tu salida y tu entrada Desde ahora y para siempre.
ROMANOS 5:1-5, 8
Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.
Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.
Salmo 121 y Epístola a los Romanos 5 se complementan de una manera hermosa al mostrarnos que nuestra seguridad no descansa en nuestras fuerzas, sino en la fidelidad de Dios. El salmista, mientras asciende hacia Jerusalén, levanta sus ojos a los montes y declara que su socorro viene de Jehová, el Creador de los cielos y de la tierra. En el pensamiento oriental, los montes podían representar tanto desafíos como lugares donde se buscaba ayuda; sin embargo, el salmista aclara que su confianza no está en los montes, sino en el Dios que los creó. Pablo, por su parte, enseña en Romanos 5 que, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios y acceso a Su gracia. Incluso las tribulaciones adquieren un nuevo significado, porque Dios las utiliza para desarrollar perseverancia, carácter probado y esperanza.
Ambos pasajes nos recuerdan que la vida de fe no consiste en la ausencia de dificultades, sino en la certeza de que Dios nos sostiene en medio de ellas. Mientras aguardamos el retorno de Cristo Jesús, permanezcamos firmes en santidad, fortalecidos en la gracia y confiando en que nuestro Padre amado guarda nuestros pasos, sostiene nuestra esperanza y cumple fielmente Sus promesas. Porque quien descansa en Dios encuentra paz para el presente, fortaleza para los desafíos y esperanza segura para el futuro.
