Domingo 6 Septiembre 2026
Salmos 149 y Deuteronomio 7
LECTURA DIARIA


SALMOS 149:1-4
Cantad a Jehová cántico nuevo; Su alabanza sea en la congregación de los santos. Alégrese Israel en su Hacedor; Los hijos de Sion se gocen en su Rey. Alaben su nombre con danza; Con pandero y arpa a él canten. Porque Jehová tiene contentamiento en su pueblo; Hermoseará a los humildes con la salvación.
DEUTERONOMIO 7:1-4, 6-9, 11
Cuando Jehová tu Dios te haya introducido en la tierra en la cual entrarás para tomarla, y haya echado de delante de ti a muchas naciones, al heteo, al gergeseo, al amorreo, al cananeo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo, siete naciones mayores y más poderosas que tú, y Jehová tu Dios las haya entregado delante de ti, y las hayas derrotado, las destruirás del todo; no harás con ellas alianza, ni tendrás de ellas misericordia. Y no emparentarás con ellas; no darás tu hija a su hijo, ni tomarás a su hija para tu hijo. Porque desviará a tu hijo de en pos de mí, y servirán a dioses ajenos; y el furor de Jehová se encenderá sobre vosotros, y te destruirá pronto.
Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra. No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos; sino por cuanto Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres, os ha sacado Jehová con mano poderosa, y os ha rescatado de servidumbre, de la mano de Faraón rey de Egipto. Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones;
Guarda, por tanto, los mandamientos, estatutos y decretos que yo te mando hoy que cumplas.
Salmos 149 y Deuteronomio 7 muestran a un pueblo que no debe olvidar quién lo llamó ni por qué pertenece a Dios. Salmos 149 comienza con una invitación a cantar “cántico nuevo”, y en el contexto bíblico esto no habla simplemente de una canción diferente, sino de una respuesta nueva ante una experiencia renovada de la fidelidad de Dios: el pueblo reconoce nuevamente Sus obras y responde con alegría. El salmista une la alabanza con la identidad: “Alégrese Israel en su Hacedor; los hijos de Sion se gocen en su Rey”; primero recuerda quién los hizo y después quién los gobierna. Deuteronomio 7 lleva esa identidad a la vida práctica: Israel debía entrar en una tierra donde encontraría pueblos, costumbres y prácticas que podían desviar su corazón, por lo que Dios les pide que no establezcan alianzas que terminaran apartándolos de Él. No era un llamado a considerarse superiores, sino a proteger una relación que Dios mismo había establecido. Y aquí aparece uno de los contrastes más profundos: Israel no fue escogido porque fuera el pueblo más numeroso o poderoso; fue escogido porque Dios lo amó y permaneció fiel al pacto. La raíz está en el amor de Dios, y la respuesta debía ser fidelidad. Deuteronomio 7:9 lo resume magistralmente: “Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos”. En la cultura de aquel tiempo, un pacto implicaba lealtad, compromiso y pertenencia; por eso la fidelidad de Dios no era una idea abstracta, sino una seguridad sobre la cual el pueblo podía construir su vida. También se repite un principio que atraviesa toda la Escritura: lo que entra al corazón termina afectando el camino; por eso el pueblo debía velar cuidadosamente con quién se relacionaba, qué prácticas adoptaba y qué cosas permitía ocupar el lugar que solo correspondía a Dios. Salmos 149 muestra entonces al pueblo celebrando a su Rey, mientras Deuteronomio 7 le enseña a vivir como pueblo de ese Rey: alabanza y obediencia, identidad y conducta, amor recibido y fidelidad respondida. Y qué hermoso es que Dios no les pide permanecer separados desde el temor, sino desde la conciencia de que pertenecen a Aquel que los amó primero. Así también el creyente aprende a velar sin vivir angustiado: permanece atento porque valora aquello que Dios le ha confiado; discierne porque ama; guarda Su Palabra porque reconoce Su fidelidad; y permanece firme porque sabe que su identidad no depende de lo que el mundo ofrece, sino de Aquel que lo llamó. Y como Cuerpo de Cristo, esto nos recuerda que la firmeza también es comunitaria: unos ayudan a otros a conservar la mirada, a no adoptar aquello que debilita la fe y a permanecer en amor. Nuestro Padre amado no solo nos llama a salir de aquello que puede apartarnos de Él; nos llama a vivir cerca de Él, recordar Su amor, celebrar Su fidelidad y caminar en obediencia mientras esperamos fielmente el glorioso retorno de nuestro Señor Jesucristo.
