Domingo 9 Agosto 2026

Salmos 136 y Números 11

LECTURA DIARIA

SALMOS 136:1, 4, 16, 23

Alabad a Jehová, porque él es bueno, Porque para siempre es su misericordia.

Al único que hace grandes maravillas, Porque para siempre es su misericordia.

Al que pastoreó a su pueblo por el desierto, Porque para siempre es su misericordia.

Él es el que en nuestro abatimiento se acordó de nosotros, Porque para siempre es su misericordia.

NÚMEROS 11:4-6, 23

Y la gente extranjera que se mezcló con ellos tuvo un vivo deseo, y los hijos de Israel también volvieron a llorar y dijeron: ¡Quién nos diera a comer carne! Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto de balde, de los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos; y ahora nuestra alma se seca; pues nada sino este maná ven nuestros ojos.

Entonces Jehová respondió a Moisés: ¿Acaso se ha acortado la mano de Jehová? Ahora verás si se cumple mi palabra, o no.

Salmo 136 y Números 11 colocan delante del Cuerpo de Cristo dos movimientos completamente opuestos del corazón: uno que recuerda continuamente la bondad de Dios y otro que, aun después de haber experimentado Su cuidado, permite que la queja y el deseo desordenado opaquen la memoria de Su fidelidad. Salmo 136 repite una y otra vez «porque para siempre es Su misericordia», y en la mentalidad hebrea esta repetición no era una simple redundancia, sino una forma de grabar una verdad en la memoria: cada acontecimiento debía ser interpretado a la luz del amor constante de Dios; el pueblo recordaba Su creación, Su liberación, Sus victorias y Su provisión, porque recordar lo que Dios ya había hecho fortalecía la confianza para enfrentar lo que todavía no había llegado. Números 11 presenta el contraste: Israel comienza a quejarse por las dificultades del camino, desprecia el maná y recuerda con nostalgia aquello que había dejado en Egipto, hasta llegar a decir que su alma se había secado. Salmos 136 mira hacia atrás y encuentra razones para agradecer; Números 11 mira hacia atrás y convierte el pasado en motivo de descontento. Uno recuerda la fidelidad de Dios y fortalece la fe; el otro recuerda lo que desea y alimenta la insatisfacción. El problema no era solamente la comida; era que el corazón había comenzado a valorar más lo que Egipto ofrecía que la libertad que Dios había concedido. El maná, que diariamente descendía del cielo como provisión, terminó pareciendo insignificante cuando los ojos se fijaron en lo que faltaba. Y aquí nuestro Padre amado nos confronta con ternura: ¿qué ocurre cuando dejamos de agradecer por lo que Dios está haciendo y comenzamos a medir Su amor por aquello que todavía no tenemos? Para el Cuerpo de Cristo, esto es profundamente práctico. Avanzar con constancia durante agosto significa aprender a recordar correctamente: recordar la gracia recibida, las puertas que Dios abrió, las veces que sostuvo, las respuestas que llegaron y también aquellas ocasiones donde Su silencio nos enseñó a confiar. No podemos avanzar hacia lo que Dios tiene delante mientras alimentamos continuamente nuestra mirada con lo que quedó atrás. La gratitud protege la memoria, la memoria fortalece la fe y la fe nos permite seguir caminando; la queja, en cambio, distorsiona la memoria, magnifica la carencia y debilita el corazón. Por eso, mientras corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, y permanezcamos velando, firmes en la fe, esforzándonos y haciendo todas las cosas con amor, preguntémonos con honestidad: ¿estoy recordando la fidelidad de Dios o estoy alimentando aquello que todavía me falta? ¿Estoy agradeciendo por el maná que hoy recibo o despreciando la provisión de Dios porque deseo otra cosa? Nuestro Padre amado nos llama a avanzar paso a paso sin permitir que la nostalgia, la comparación o la insatisfacción nos hagan perder de vista Su cuidado. Porque quien aprende a decir «para siempre es Su misericordia» aun en medio del desierto puede continuar caminando con un corazón agradecido, firme y expectante, confiando en que el mismo Dios que sostuvo ayer seguirá sosteniendo mañana, hasta el glorioso retorno de Nuestro Señor Jesucristo

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