Jueves 1 Octubre 2026
Proverbios 9
LECTURA DIARIA


JOSUÉ 2:1, 8-11, 14
Josué hijo de Nun envió desde Sitim dos espías secretamente, diciéndoles: Andad, reconoced la tierra, y a Jericó. Y ellos fueron, y entraron en casa de una ramera que se llamaba Rahab, y posaron allí.
Antes que ellos se durmiesen, ella subió al terrado, y les dijo: Sé que Jehová os ha dado esta tierra; porque el temor de vosotros ha caído sobre nosotros, y todos los moradores del país ya han desmayado por causa de vosotros. Porque hemos oído que Jehová hizo secar las aguas del Mar Rojo delante de vosotros cuando salisteis de Egipto, y lo que habéis hecho a los dos reyes de los amorreos que estaban al otro lado del Jordán, a Sehón y a Og, a los cuales habéis destruido. Oyendo esto, ha desmayado nuestro corazón; ni ha quedado más aliento en hombre alguno por causa de vosotros, porque Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra.
Ellos le respondieron: Nuestra vida responderá por la vuestra, si no denunciareis este asunto nuestro; y cuando Jehová nos haya dado la tierra, nosotros haremos contigo misericordia y verdad.
JOSUÉ 3:3-5, 7-8, 13, 16-17
y mandaron al pueblo, diciendo: Cuando veáis el arca del pacto de Jehová vuestro Dios, y los levitas sacerdotes que la llevan, vosotros saldréis de vuestro lugar y marcharéis en pos de ella, a fin de que sepáis el camino por donde habéis de ir; por cuanto vosotros no habéis pasado antes de ahora por este camino. Pero entre vosotros y ella haya distancia como de dos mil codos; no os acercaréis a ella. Y Josué dijo al pueblo: Santificaos, porque Jehová hará mañana maravillas entre vosotros.
Entonces Jehová dijo a Josué: Desde este día comenzaré a engrandecerte delante de los ojos de todo Israel, para que entiendan que como estuve con Moisés, así estaré contigo. Tú, pues, mandarás a los sacerdotes que llevan el arca del pacto, diciendo: Cuando hayáis entrado hasta el borde del agua del Jordán, pararéis en el Jordán.
Y cuando las plantas de los pies de los sacerdotes que llevan el arca de Jehová, Señor de toda la tierra, se asienten en las aguas del Jordán, las aguas del Jordán se dividirán; porque las aguas que vienen de arriba se detendrán en un montón.
las aguas que venían de arriba se detuvieron como en un montón bien lejos de la ciudad de Adam, que está al lado de Saretán, y las que descendían al mar del Arabá, al Mar Salado, se acabaron, y fueron divididas; y el pueblo pasó en dirección de Jericó. Mas los sacerdotes que llevaban el arca del pacto de Jehová, estuvieron en seco, firmes en medio del Jordán, hasta que todo el pueblo hubo acabado de pasar el Jordán; y todo Israel pasó en seco.
Josué 2 y 3 muestran cómo un corazón que realmente ha puesto su confianza en Dios comienza a responder en obediencia, aun antes de ver el resultado completo. En Josué 2, los espías llegan a Jericó y encuentran en Rahab a una mujer que había escuchado lo que Jehová había hecho: «Hemos oído que Jehová hizo secar las aguas del Mar Rojo delante de vosotros». En el mundo bíblico, escuchar las obras de un Dios poderoso no era solamente recibir información; podía convertirse en una decisión de lealtad. Rahab reconoce: «Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra», y esa convicción produce acción: protege a los enviados, hace un pacto con ellos y se identifica con el Dios de Israel antes de ver la caída de Jericó. Su fe no quedó en palabras; tomó forma en una decisión. Luego, en Josué 3, Israel llega frente al Jordán y se encuentra con un río desbordado, precisamente cuando debía cruzarlo. Los sacerdotes debían llevar el arca delante del pueblo, y cuando sus pies tocaran las aguas, el Jordán se detendría. La escena es poderosa: primero la Palabra, después los pasos; primero la obediencia, después la evidencia. El arca representaba la presencia y el pacto de Dios en medio del pueblo, y verla avanzar delante de ellos comunicaba algo esencial: Israel no estaba abriendo su propio camino; estaba siguiendo al Dios que iba delante. Los sacerdotes permanecieron firmes en medio del Jordán mientras todo el pueblo terminaba de pasar, mostrando que perseverar también significa permanecer en el lugar de obediencia hasta que otros puedan avanzar. Muchas veces queremos ver el camino despejado antes de obedecer, pero estos capítulos enseñan que la firmeza se demuestra precisamente cuando todavía hay aguas delante. Escuchar, creer, decidir, dar el paso, permanecer firmes, ver la fidelidad de Dios. Rahab escuchó y actuó; los sacerdotes escucharon y entraron al río; el pueblo siguió la dirección recibida. La obediencia no fue una reacción momentánea, sino el fruto de corazones que habían decidido confiar en Dios. Y aquí aparece con fuerza nuestro llamado de octubre: la Iglesia que aguarda el retorno de nuestro Señor Jesucristo no puede vivir distraída ni pasiva; necesita un corazón firme con Dios, atento a Su Palabra y perseverante en aquello que Él ha indicado. Velar significa reconocer las voces que llegan a nuestro corazón, discernirlas a la luz de la Palabra y permanecer disponibles para obedecer aunque todavía no veamos todo el camino. La gracia del Padre amado no solamente nos sostiene después de dar el paso; también nos capacita para permanecer firmes mientras esperamos. Así como el arca iba delante de Israel, nuestra seguridad no está en controlar las aguas, sino en seguir al Dios que va delante. Y mientras aguardamos el retorno de Cristo Jesús, que nuestro corazón permanezca despierto, nuestra mente renovada y nuestros pasos firmes: porque la obediencia es fruto de un corazón que escucha a Dios, confía en Él, permanece atento y persevera en amor hasta ver cumplida Su Palabra.
