Jueves 16 Julio 2026

Romanos 9

LECTURA DIARIA

ROMANOS 9:1-3, 6, 8, 15-16, 20, 23-25, 30, 32-33

Verdad digo en Cristo, no miento, y mi conciencia me da testimonio en el Espíritu Santo, que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón. Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne;

No que la palabra de Dios haya fallado; porque no todos los que descienden de Israel son israelitas,

Esto es: No los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según la promesa son contados como descendientes.

Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.

Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: Por qué me has hecho así?

y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria, a los cuales también ha llamado, esto es, a nosotros, no solo de los judíos, sino también de los gentiles? Como también en Oseas dice: Llamaré pueblo mío al que no era mi pueblo, Y a la no amada, amada.

¿Qué, pues, diremos? Que los gentiles, que no iban tras la justicia, han alcanzado la justicia, es decir, la justicia que es por fe;

¿Por qué? Porque iban tras ella no por fe, sino como por obras de la ley, pues tropezaron en la piedra de tropiezo, como está escrito: He aquí pongo en Sion piedra de tropiezo y roca de caída; Y el que creyere en él, no será avergonzado.

Romanos 9 nos muestra el profundo dolor de Pablo por su pueblo y, al mismo tiempo, la soberanía, justicia y misericordia de Dios obrando en Su propósito de salvación. En el pensamiento oriental, la identidad de Israel estaba profundamente ligada a la descendencia, la herencia y las promesas recibidas; por eso Pablo aclara que no todos los que descienden físicamente de Israel representan necesariamente al verdadero pueblo de la promesa, porque Dios siempre ha obrado conforme a Su propósito y no simplemente por la descendencia natural. Las imágenes de Jacob y Esaú, el alfarero y el barro eran muy comprensibles para un oyente oriental: el alfarero tenía autoridad sobre el barro para darle forma, y esta figura resaltaba la autoridad del Creador sobre Su creación, no para presentar a un Dios caprichoso o injusto, sino para mostrar que el ser humano no puede juzgar a Dios desde su limitada perspectiva. Sin embargo, el capítulo también revela con mucha fuerza el amor y la misericordia de Dios, porque Su propósito no quedó limitado a Israel, sino que alcanzó también a los gentiles por medio de la fe en Cristo Jesús.

La salvación no se recibe por linaje, tradición, esfuerzo humano ni méritos personales, sino por Gracia,la misericordia de Dios y la fe. Mientras aguardamos el retorno de Cristo Jesús, permanezcamos firmes en santidad, fortalecidos en la gracia y con un corazón humilde delante de nuestro Padre amado, reconociendo que todo lo que somos y tenemos en Cristo es fruto de Su misericordia. Porque quien comprende la gracia deja de presumir de sus propias obras y comienza a vivir con profunda gratitud, amor y reverencia ante el Dios que cumple Sus promesas y extiende Su misericordia a quienes creen.

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