Jueves 17 Septiembre 2026

Deuteronomio 21 y 22

LECTURA DIARIA

DEUTERONOMIO 21:1-2, 15, 17

Si en la tierra que Jehová tu Dios te da para que la poseas, fuere hallado alguien muerto, tendido en el campo, y no se supiere quién lo mató, entonces tus ancianos y tus jueces saldrán y medirán la distancia hasta las ciudades que están alrededor del muerto.

Si un hombre tuviere dos mujeres, la una amada y la otra aborrecida, y la amada y la aborrecida le hubieren dado hijos, y el hijo primogénito fuere de la aborrecida;

mas al hijo de la aborrecida reconocerá como primogénito, para darle el doble de lo que correspondiere a cada uno de los demás; porque él es el principio de su vigor, y suyo es el derecho de la primogenitura.

DEUTERONOMIO 22:1, 3-4, 8

Si vieres extraviado el buey de tu hermano, o su cordero, no le negarás tu ayuda; lo volverás a tu hermano.

Así harás con su asno, así harás también con su vestido, y lo mismo harás con toda cosa de tu hermano que se le perdiere y tú la hallares; no podrás negarle tu ayuda. Si vieres el asno de tu hermano, o su buey, caído en el camino, no te apartarás de él; le ayudarás a levantarlo.

Cuando edifiques casa nueva, harás pretil a tu terrado, para que no eches culpa de sangre sobre tu casa, si de él cayere alguno.

Deuteronomio 21 y 22 muestran cómo el Padre amado enseñaba a Israel que la vida en comunidad exigía mucho más que obedecer normas: requería responsabilidad, justicia y un corazón sensible ante las necesidades de los demás. El capítulo 21 aborda situaciones complejas relacionadas con la muerte, la familia, la herencia, la disciplina y las relaciones humanas, revelando que Dios deseaba establecer orden y proteger la justicia dentro del pueblo. Incluso cuando no se conocía al responsable de un homicidio, la comunidad debía involucrarse, reconociendo que el sufrimiento ajeno no podía ser ignorado. También se establecía protección para el primogénito y límites frente a decisiones impulsivas, recordando que la autoridad debía ejercerse con responsabilidad y sin favoritismos. En el capítulo 22, estas enseñanzas descienden a la vida cotidiana: devolver lo perdido, ayudar al hermano a levantar su animal caído, prevenir accidentes y respetar los límites establecidos por Dios. La santidad también se expresaba en el orden, la integridad y el cuidado de la dignidad de cada persona. Estos capítulos enseñan al creyente a velar no solo por su propia conducta, sino también por el impacto de sus decisiones en los demás. Permanecer firmes en la Palabra implica no mirar hacia otro lado ante la injusticia, no actuar por impulso, no favorecer la apariencia sobre la verdad y comprender que el amor se demuestra mediante acciones responsables. El Padre estaba formando un pueblo donde la justicia protegiera, la autoridad sirviera y cada relación reflejara respeto, mientras Su pueblo aprendía a caminar fielmente delante de Él y a aguardar el retorno de Cristo Jesús.

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