Jueves 19 Marzo 2026
Marcos 4
LECTURA DIARIA


Marcos 4:3-4, 14, 18-20, 24, 26-27, 37-39
Oíd: He aquí, el sembrador salió a sembrar; y al sembrar, aconteció que una parte cayó junto al camino, y vinieron las aves del cielo y la comieron.
El sembrador es el que siembra la palabra.
Estos son los que fueron sembrados entre espinos: los que oyen la palabra, pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa. Y estos son los que fueron sembrados en buena tierra: los que oyen la palabra y la reciben, y dan fruto a treinta, a sesenta, y a ciento por uno.
Les dijo también: Mirad lo que oís; porque con la medida con que medís, os será medido, y aun se os añadirá a vosotros los que oís.
Decía además: Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra; y duerme y se levanta, de noche y de día, y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo.
Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba. Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos? Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza.
En Evangelio de Marcos 4, Jesucristo nos enseña cómo nuestro Padre amado trabaja en el corazón a través de la Palabra. Comienza con la parábola del sembrador; en la mentalidad oriental, la siembra se hacía esparciendo la semilla sobre distintos tipos de terreno, lo que representaba cómo cada corazón responde de manera diferente: algunos reciben pero no perseveran, otros se ahogan con las preocupaciones, y otros dan fruto. Luego habla de la lámpara, recordando que la luz no se esconde, sino que se pone en alto para alumbrar, enseñándonos que lo que Dios hace en nosotros debe reflejarse en nuestra vida. También presenta la semilla que crece en secreto, una imagen agrícola muy cercana a esa cultura, donde el crecimiento no depende del esfuerzo humano sino del proceso que Dios activa; esto nos muestra que nuestro Padre obra aun cuando no vemos resultados inmediatos. Finalmente, vemos a Jesucristo calmando la tempestad; en el pensamiento hebreo, el mar representaba caos e incertidumbre, y al ver a Jesús reprender el viento y traer calma, entendemos que Él tiene autoridad sobre toda situación. Este capítulo nos enseña que la firmeza espiritual nace de un corazón que recibe la Palabra, la guarda con perseverancia y confía en Dios aun cuando el proceso es invisible o las circunstancias se agitan. Cuando permanecemos atentos a la voz del Padre y confiamos en Cristo Jesús, podemos mantenernos firmes y en paz, sabiendo que Él tiene el control.
