Jueves 22 Octubre 2026
Jueces 3 y 4
LECTURA DIARIA


JUECES 3:9-10, 31
Entonces clamaron los hijos de Israel a Jehová; y Jehová levantó un libertador a los hijos de Israel y los libró; esto es, a Otoniel hijo de Cenaz, hermano menor de Caleb. Y el Espíritu de Jehová vino sobre él, y juzgó a Israel, y salió a batalla, y Jehová entregó en su mano a Cusan-risataim rey de Siria, y prevaleció su mano contra Cusan-risataim.
Después de él fue Samgar hijo de Anat, el cual mató a seiscientos hombres de los filisteos con una aguijada de bueyes; y él también salvó a Israel.
JUECES 4:4,6-8, 14-15, 23
Gobernaba en aquel tiempo a Israel una mujer, Débora, profetisa, mujer de Lapidot;
Y ella envió a llamar a Barac hijo de Abinoam, de Cedes de Neftalí, y le dijo: ¿No te ha mandado Jehová Dios de Israel, diciendo: Ve, junta a tu gente en el monte de Tabor, y toma contigo diez mil hombres de la tribu de Neftalí y de la tribu de Zabulón; y yo atraeré hacia ti al arroyo de Cisón a Sísara, capitán del ejército de Jabín, con sus carros y su ejército, y lo entregaré en tus manos? Barac le respondió: Si tú fueres conmigo, yo iré; pero si no fueres conmigo, no iré.
Entonces Débora dijo a Barac: Levántate, porque este es el día en que Jehová ha entregado a Sísara en tus manos. ¿No ha salido Jehová delante de ti? Y Barac descendió del monte de Tabor, y diez mil hombres en pos de él. Y Jehová quebrantó a Sísara, a todos sus carros y a todo su ejército, a filo de espada delante de Barac; y Sísara descendió del carro, y huyó a pie.
Así abatió Dios aquel día a Jabín, rey de Canaán, delante de los hijos de Israel.
El pueblo de Israel volvió a apartarse de nuestro Padre amado, olvidando sus mandamientos y adoptando las prácticas de quienes lo rodeaban; sin embargo, cuando clamaron en medio de su opresión, Él levantó libertadores. Otoniel, Aod y Samgar nos muestran que la liberación no dependía de la fuerza humana, sino de la capacidad que Dios daba para actuar en el momento oportuno. Aod, aun siendo zurdo, fue encomendado para cumplir una misión que parecía improbable; y Débora, profetisa y jueza, se levantó en una época en que Israel necesitaba dirección y valentía. Ella llamó a Barac a obedecer la instrucción recibida, pero él dudó y pidió que ella lo acompañara. La victoria llegó, aunque el honor por derrotar a Sísara recayó en Jael, quien actuó con determinación. Estos relatos nos recuerdan que las dificultades pueden revelar dónde está nuestra confianza, pero también que la desobediencia repetida nos hace vulnerables y nos aparta de la dirección de Dios. Nuestro Padre amado puede capacitarnos para cumplir una tarea aun cuando no nos sintamos suficientes; sin embargo, nos corresponde escuchar, creer y actuar, en lugar de esperar a que otros hagan lo que nosotros debemos obedecer. No confundamos la paciencia de Dios con permiso para descuidar nuestra vida espiritual: cuando olvidamos Su Palabra, terminamos imitando aquello que debíamos discernir y rechazar. Por eso, el creyente necesita velar, renovar su mente y permanecer firme, no solo cuando la presión aumenta, sino también en los días tranquilos. La fe verdadera no se limita a clamar por liberación: responde a la dirección de Dios con obediencia, valentía y amor, mientras aguardamos fielmente el retorno de nuestro Señor Jesucristo.
