Jueves 24 Septiembre 2026
Deuteronomio 29 y 30
LECTURA DIARIA


DEUTERONOMIO 29:2-3, 9, 12-15, 29
Moisés, pues, llamó a todo Israel, y les dijo: Vosotros habéis visto todo lo que Jehová ha hecho delante de vuestros ojos en la tierra de Egipto a Faraón y a todos sus siervos, y a toda su tierra, las grandes pruebas que vieron vuestros ojos, las señales y las grandes maravillas.
Guardaréis, pues, las palabras de este pacto, y las pondréis por obra, para que prosperéis en todo lo que hiciereis.
para que entres en el pacto de Jehová tu Dios, y en su juramento, que Jehová tu Dios concierta hoy contigo, para confirmarte hoy como su pueblo, y para que él te sea a ti por Dios, de la manera que él te ha dicho, y como lo juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob. Y no solamente con vosotros hago yo este pacto y este juramento, sino con los que están aquí presentes hoy con nosotros delante de Jehová nuestro Dios, y con los que no están aquí hoy con nosotros.
Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley.
DEUTERONOMIO 30:2-3, 6, 8-11, 14, 16, 19-20
y te convirtieres a Jehová tu Dios, y obedecieres a su voz conforme a todo lo que yo te mando hoy, tú y tus hijos, con todo tu corazón y con toda tu alma, entonces Jehová hará volver a tus cautivos, y tendrá misericordia de ti, y volverá a recogerte de entre todos los pueblos adonde te hubiere esparcido Jehová tu Dios.
Y circuncidará Jehová tu Dios tu corazón, y el corazón de tu descendencia, para que ames a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas.
Y tú volverás, y oirás la voz de Jehová, y pondrás por obra todos sus mandamientos que yo te ordeno hoy. Y te hará Jehová tu Dios abundar en toda obra de tus manos, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu bestia, y en el fruto de tu tierra, para bien; porque Jehová volverá a gozarse sobre ti para bien, de la manera que se gozó sobre tus padres, cuando obedecieres a la voz de Jehová tu Dios, para guardar sus mandamientos y sus estatutos escritos en este libro de la ley; cuando te convirtieres a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma. Porque este mandamiento que yo te ordeno hoy no es demasiado difícil para ti, ni está lejos.
Porque muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas.
porque yo te mando hoy que ames a Jehová tu Dios, que andes en sus caminos, y guardes sus mandamientos, sus estatutos y sus decretos, para que vivas y seas multiplicado, y Jehová tu Dios te bendiga en la tierra a la cual entras para tomar posesión de ella.
A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia; amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a él; porque él es vida para ti, y prolongación de tus días; a fin de que habites sobre la tierra que juró Jehová a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob, que les había de dar.
Deuteronomio 29 y 30 muestran a un Padre amado que lleva a Su pueblo a mirar hacia atrás para recordar Su fidelidad y, desde esa memoria, decidir cómo caminar hacia adelante. Israel había visto la liberación, la provisión y el cuidado de Dios, pero Moisés les recuerda que ver lo que Dios hace no es suficiente; hay que guardar Su Palabra y ponerla por obra. Luego aparece el peligro de un corazón que se desvía poco a poco, pensando que puede escuchar otras voces y continuar por el mismo camino; por eso Dios llama a volver, y promete obrar en lo más profundo: «circuncidará Jehová tu Dios tu corazón». Finalmente coloca delante del pueblo dos caminos y declara: «escoge, pues, la vida» .Cada día escogemos con lo que pensamos, hablamos, permitimos y hacemos; velar es detenernos y preguntar hacia dónde está inclinándose nuestro corazón. Cuando la mente se llena de otras voces, volvemos a la Palabra; cuando descubrimos que nos desviamos, volvemos al Padre; cuando debemos decidir, escogemos aquello que nos acerca a Él. Recordar, volver ,escuchar, amar, obedecer, aferrarse a Dios, escoger la vida. La gracia no solamente nos perdona cuando necesitamos volver; también transforma nuestro interior para que podamos amar a Dios y permanecer firmes. Así, el creyente no camina guiado solamente por lo que ve o siente, sino por la Palabra que ha recibido, con una mente renovada, un corazón atento y los ojos puestos en Cristo Jesús mientras avanza en amor y aguarda fielmente Su retorno.
