Jueves 27 Noviembre 2025
Ezequiel 36 - 37; Santiago 5
LECTURA DIARIA
Santiago 5:7-9, 14-16, 19-20
Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía. Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca. Hermanos, no os quejéis unos contra otros, para que no seáis condenados; he aquí, el juez está delante de la puerta.
¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados. Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho.
Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados.
"Santiago enseña que la vida firme empieza con la mirada en Cristo, no en las temporadas difíciles. El creyente maduro espera como el sembrador: confiado, sin perder el temple, sabiendo que el Señor viene y Su Palabra sostiene. Esa mirada al cielo renueva la mente, limpia los motivos y evita que el corazón sea arrastrado por la queja o la presión del mundo. Pero esa fe no se queda sola, baja a la casa, a la comunidad. Allí la firmeza se demuestra orando unos por otros, levantando al enfermo, restaurando al que se equivocó y trayendo de vuelta al que se desvió. Una iglesia madura no abandona, no señala, no se apaga, se cuida, se busca, se sana y se fortalece junta. Así, Santiago muestra que la verdadera fortaleza consiste en una fe que mira arriba para mantenerse firme, y luego mira a los hermanos para caminar unidos."


