Jueves 29 Enero 2026

Mateo 11

LECTURA DIARIA

Mateo 11:2-5, 16-20, 28-29

Y al oír Juan, en la cárcel, los hechos de Cristo, le envió dos de sus discípulos, para preguntarle: ¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro? Respondiendo Jesús, les dijo: Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio;

Mas ¿a qué compararé esta generación? Es semejante a los muchachos que se sientan en las plazas, y dan voces a sus compañeros, diciendo: Os tocamos flauta, y no bailasteis; os endechamos, y no lamentasteis. Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: Demonio tiene. Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: He aquí un hombre comilón, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores. Pero la sabiduría es justificada por sus hijos. Entonces comenzó a reconvenir a las ciudades en las cuales había hecho muchos de sus milagros, porque no se habían arrepentido, diciendo:

Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.

Mateo 11 nos muestra que aun los siervos fieles pueden atravesar momentos de duda, cansancio y confusión espiritual. Juan el Bautista, el mismo que preparó el camino, pregunta desde la prisión si Jesús es realmente el que había de venir (Mateo 11:2–3).

*Esto nos enseña que velar no es negar las luchas, sino llevarlas correctamente delante de Dios. Jesucristo no reprende a Juan; le responde con evidencia espiritual: los ciegos ven, los cojos andan, los muertos resucitan y el evangelio es anunciado (Mateo 11:4–5).* *La fe madura discierne por fruto, no por emociones. Luego, Cristo Jesús confronta a una generación distraída, inconforme y superficial, que no supo discernir ni a Juan ni al Mesías (Mateo 11:16–19).* Aquí el capítulo nos alerta: no todo el que oye, entiende; no todo el que ve, cree. Por eso Jesús reprende a las ciudades que vieron milagros pero no se arrepintieron (Mateo 11:20), mostrando que la revelación sin obediencia endurece el corazón.

El clímax del capítulo es profundamente pastoral y a la vez confrontador: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). El descanso que ofrece Cristo Jesús no es evasión, es alineación. Aprender de Él significa caminar en mansedumbre, humildad y obediencia, encontrando descanso para el alma (Mateo 11:29).

Solo el creyente despierto sabe cuándo correr, cuándo esperar y cuándo rendirse, no ante el cansancio, sino ante Cristo.