Jueves 4 Junio 2026
Hechos 20
LECTURA DIARIA


HECHOS 20:18-22, 24-25, 28, 31-38
Cuando vinieron a él, les dijo: Vosotros sabéis cómo me he comportado entre vosotros todo el tiempo, desde el primer día que entré en Asia, sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas, y pruebas que me han venido por las asechanzas de los judíos; y cómo nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas, testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo. Ahora, he aquí, ligado yo en espíritu, voy a Jerusalén, sin saber lo que allá me ha de acontecer;
Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, entre quienes he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro.
Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre.
Por tanto, velad, acordándoos que por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno. Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados. Ni plata ni oro ni vestido de nadie he codiciado. Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario a mí y a los que están conmigo, estas manos me han servido. En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir. Cuando hubo dicho estas cosas, se puso de rodillas, y oró con todos ellos. Entonces hubo gran llanto de todos; y echándose al cuello de Pablo, le besaban, doliéndose en gran manera por la palabra que dijo, de que no verían más su rostro. Y le acompañaron al barco.
En Hechos de los Apóstoles 20 vemos a un Pablo consciente de que le esperan pruebas y aflicciones, pero decidido a continuar avanzando en el propósito de Dios. Este capítulo revela que la fe madura no se sostiene cuando todo es fácil, sino cuando el creyente ha decidido que la voluntad de Dios vale más que su comodidad personal. Pablo recuerda cómo sirvió al Señor con humildad, lágrimas y perseverancia, sin dejar de anunciar toda la verdad que era necesaria para el crecimiento espiritual del pueblo. En el pensamiento oriental, un pastor o anciano era considerado un guardián responsable de velar por aquello que le había sido confiado; por eso Pablo exhorta a los líderes a cuidar diligentemente del rebaño de Dios y a permanecer alertas frente a todo aquello que pudiera desviarlos de la verdad. Lo más profundo del capítulo es que, aun sabiendo que probablemente no volvería a ver a muchos de ellos, Pablo no centra su atención en la pérdida, sino en la fidelidad de Dios y en la misión que aún debía cumplir. Esto tiene una aplicación muy práctica para nosotros: caminar por fe no significa vivir sin desafíos, sino continuar obedeciendo a Dios cuando el camino requiere sacrificio, perseverancia y confianza.
Mientras aguardamos el retorno de Cristo Jesús, somos llamados a permanecer firmes y constantes en amor, cuidando nuestro corazón, nuestras familias y las vidas que Dios ha puesto a nuestro alrededor. Porque una vida verdaderamente firme no es la que evita las pruebas, sino la que permanece fiel a Dios en medio de ellas, sabiendo que ninguna lágrima, esfuerzo o acto de obediencia hecho para Él es en vano.
Aplicación práctica de Hechos 20
📖 Cuida primero tu propia comunión con Dios.
Antes de cuidar a otros, Pablo dijo: “Mirad por vosotros…” (Hechos 20:28).
👉 Dedica tiempo diario a la oración, la Palabra y la comunión con nuestro Padre amado. Un corazón descuidado difícilmente podrá fortalecer a otros.
📖 Permanece fiel aunque el camino sea difícil.
“Ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo” (Hechos 20:24).
👉 No abandones lo que Dios te ha encomendado por cansancio, oposición o falta de resultados inmediatos. La fidelidad diaria produce fruto a su tiempo.
📖 Vela por lo que permites entrar a tu corazón.
“Por tanto, velad…” (Hechos 20:31).
👉 Examina diariamente tus pensamientos, conversaciones, prioridades y decisiones. Lo que alimentas hoy influirá en tu firmeza mañana.
📖 Permite que la Palabra de Dios te edifique continuamente.
“Os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia…” (Hechos 20:32).
👉 No vivas solo de lo que escuchas en reuniones o enseñanzas; desarrolla el hábito de leer, meditar y aplicar la Palabra diariamente.
📖 Aprende a servir más de lo que esperas recibir.
“Más bienaventurado es dar que recibir” (Hechos 20:35).
👉 Busca oportunidades para bendecir, animar, ayudar y orar por otros sin esperar reconocimiento.
Mientras aguardamos el retorno de Cristo Jesús, caminemos por fe cuidando nuestra relación con Dios, permaneciendo firmes en medio de las pruebas, alimentándonos de Su Palabra y sirviendo a otros con amor. La firmeza espiritual no se construye en un día; se desarrolla cada vez que elegimos obedecer, confiar y perseverar en nuestro Padre amado.
📖Hebreos 12:2
“Puestos los ojos en Cristo Jesús, el autor y consumador de la fe.”
