Jueves 5 Marzo 2026
Mateo 26
LECTURA DIARIA


Mateo 26:7-8, 14-15, 26-28, 39, 41, 75
vino a él una mujer, con un vaso de alabastro de perfume de gran precio, y lo derramó sobre la cabeza de él, estando sentado a la mesa. Al ver esto, los discípulos se enojaron, diciendo: ¿Para qué este desperdicio?
Entonces uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fue a los principales sacerdotes, y les dijo: ¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré? Y ellos le asignaron treinta piezas de plata.
Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.
Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.
Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.
Entonces Pedro se acordó de las palabras de Jesús, que le había dicho: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente.
En Evangelio de Mateo 26 contemplamos cómo, en medio de la presión, se revela la verdadera condición del corazón. Mientras los líderes religiosos traman la muerte de Cristo Jesús, una mujer lo honra derramando un perfume muy costoso sobre Él; en la cultura oriental este acto representaba entrega total, honra profunda y preparación para la sepultura, mostrando que el amor sincero reconoce el valor del Señor aun cuando otros lo cuestionan. En contraste, Judas decide traicionarlo, evidenciando que la cercanía externa no garantiza fidelidad interna. Durante la última cena, Cristo Jesús establece el nuevo pacto, revelando que su entrega forma parte del propósito redentor de Dios. Luego, en Getsemaní, llama a sus discípulos a velar en oración, enseñando que en tiempos de prueba la vigilancia espiritual es esencial, pues el espíritu puede estar dispuesto pero la carne es débil. Mientras algunos duermen, otros huyen y uno niega por temor, Cristo Jesús permanece firme y obediente al Padre, mostrando que la verdadera fortaleza espiritual se manifiesta en una vida que vela, permanece estable en medio de la presión y actúa con amor aun cuando el costo es alto.
