Jueves 7 Mayo 2026

Hechos 8

LECTURA DIARIA

HECHOS 8:3-6, 8, 30-31, 35, 37

Y Saulo asolaba la iglesia, y entrando casa por casa, arrastraba a hombres y a mujeres, y los entregaba en la cárcel. Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio. Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo. Y la gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía.

así que había gran gozo en aquella ciudad.

Acudiendo Felipe, le oyó que leía al profeta Isaías, y dijo: Pero ¿entiendes lo que lees? Él dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare? Y rogó a Felipe que subiese y se sentara con él.

Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús.

Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios.

En Hechos 8 ocurre algo profundamente impactante: mientras la iglesia es perseguida, el Evangelio comienza a expandirse con más fuerza. En el pensamiento oriental, ser “esparcidos” era como una semilla lanzada al terreno; parecía desorden, pero realmente estaba produciendo multiplicación. Aquí aparece por primera vez con fuerza Saulo de Tarso (quien luego sería Pablo), aprobando la muerte de Esteban y persiguiendo a la iglesia con dureza. Y esto revela algo poderoso: mientras Saulo intentaba apagar el mover de Dios, nuestro Padre amado ya estaba preparando el proceso que terminaría transformándolo en uno de los mayores anunciadores de Cristo Jesús. Lo que el adversario quería usar para destrucción, Dios lo encaminaba hacia propósito

Luego Felipe llega a Samaria y predica a Cristo Jesús, mostrando que el Evangelio rompe barreras religiosas y culturales. El gozo que llega a la ciudad enseña que el verdadero milagro no es solo ver señales, sino que los corazones vuelvan a tener esperanza. Más adelante, el encuentro con el etíope muestra otro nivel de profundidad: él leía las Escrituras, pero no las entendía plenamente; tenía información, pero necesitaba revelación. En la mentalidad hebrea esto significa que no basta con conocer textos, hay que permitir que el Espíritu Santo abra el entendimiento para vivir la verdad.

Velar es entender que aun en procesos difíciles Dios sigue obrando.

Estar firmes es no detenerse por oposición ni temor.

Esforzarse en amor es seguir llevando esperanza y verdad a otros.

Nadie está demasiado lejos para ser transformado; si Dios pudo cambiar a Saulo, puede cambiar cualquier corazón.

No basta con escuchar la Palabra, hay que vivirla y permitir que transforme la mente.