Jueves 8 Enero 2026

Mateo 2

LECTURA DIARIA

Mateo 2:1-3, 7-11, 13-14, 20

Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle. Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él.

Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella; y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore. Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño. Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra.

Después que partieron ellos, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José y dijo: Levántate y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y permanece allá hasta que yo te diga; porque acontecerá que Herodes buscará al niño para matarlo. Y él, despertando, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto,

diciendo: Levántate, toma al niño y a su madre, y vete a tierra de Israel, porque han muerto los que procuraban la muerte del niño.

"Mateo 2 muestra que no todos reaccionan igual cuando Dios se manifiesta. Algunos se llenan de gozo y otros de temor, porque la presencia de Cristo Jesús siempre revela lo que hay en el corazón. Los sabios discernieron el tiempo, siguieron la luz y no negociaron su adoración con el poder humano. José escuchó la voz de Dios y actuó sin demora, entendiendo que obedecer también es proteger el propósito divino. Este capítulo enseña que la fe verdadera no se guía por conveniencia, sino por dirección; no se queda quieta cuando Dios llama, ni retrocede cuando el entorno se vuelve hostil. El creyente que vela aprende a reconocer la voz de Dios, a obedecerla y a avanzar sin perder la paz."

Dios no solo habla, *espera respuesta.* En Mateo 2 vemos que los que estaban atentos a Dios discernieron, obedecieron y cambiaron de rumbo cuando fue necesario. Andar despiertos no es vivir en miedo, es vivir sensibles a la voz de Dios. El creyente que vela no improvisa su fe; la cultiva en la Palabra, la fortalece en oración y la pone en acción con obediencia diaria.

Los sabios no discutieron con Dios, actuaron. José no retrasó la obediencia, se levantó. Y así también hoy, Dios nos llama a no adormecernos espiritualmente ni a acostumbrarnos al ruido del mundo. Velar es cuidar lo que entra a la mente, lo que gobierna el corazón y las decisiones que tomamos cuando nadie nos ve. La fe despierta se nota en la manera de caminar, de hablar y de escoger.

Mateo 2:12

“Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.”

El que oye a Dios, ajusta su camino.

Mateo 2:14

“Y él, despertando, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto.”

Obedecer a Dios no se posterga .

Mateo 26:41

“Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.”

Romanos 13:11

“…es ya hora de levantarnos del sueño…”

Salmos 119:105

“Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.”

1 Corintios 16:13

“Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos.”

Lee la Palabra : la fe despierta se alimenta de verdad, no de emociones.

Ora con intención: velar es mantener comunión constante.

Obedece rápido : Dios honra la obediencia inmediata.

Cuida tus decisiones: estar alerta es vivir con discernimiento.

El creyente que anda despierto no sigue la corriente, sigue la voz de Dios. Y el que vela, permanece firme, protegido y en gracia .