Jueves 9 Julio 2026
Romanos 6
LECTURA DIARIA


ROMANOS 6:1-2, 4, 6, 11, 13-14, 22-23
¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?
Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.
sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.
Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.
ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.
Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna. Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.
Romanos 6 nos enseña que la gracia de Dios no solo nos perdona, sino que también transforma nuestra manera de vivir. Pablo explica que quienes han creído en Cristo Jesús ya no pertenecen a la antigua forma de vida dominada por el pecado, sino que han sido llamados a caminar en una vida nueva. En el pensamiento oriental, un esclavo pertenecía completamente a su señor y vivía para cumplir su voluntad. Pablo utiliza esta imagen para mostrar que el creyente ya no debe vivir bajo el dominio del pecado, sino bajo el señorío de Cristo.
La enseñanza práctica es que cada día decidimos a quién rendimos nuestra vida: al pecado o a Dios. Mientras aguardamos el retorno de Cristo Jesús, permanezcamos firmes en santidad, fortalecidos en la gracia y eligiendo obedecer a nuestro Padre amado en cada decisión. Porque la verdadera libertad no es vivir sin límites, sino pertenecer a Cristo Jesús y permitir que Su gracia transforme nuestro corazón, nuestras acciones y nuestro propósito hasta el día de Su regreso.
