Lunes 12 Octubre 2026

Josué 16 y 17

LECTURA DIARIA

JOSUÉ 16:4,10

Recibieron, pues, su heredad los hijos de José, Manasés y Efraín.

Pero no arrojaron al cananeo que habitaba en Gezer; antes quedó el cananeo en medio de Efraín, hasta hoy, y fue tributario.

JOSUÉ 17:3-4, 14-15, 17-18

“Pero Zelofehad hijo de Hefer, hijo de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés, no tuvo hijos sino hijas, los nombres de las cuales son estos: Maala, Noa, Hogla, Milca y Tirsa. Estas vinieron delante del sacerdote Eleazar y de Josué hijo de Nun, y de los príncipes, y dijeron: Jehová mandó a Moisés que nos diese heredad entre nuestros hermanos. Y él les dio heredad entre los hermanos del padre de ellas, conforme al dicho de Jehová.

Y los hijos de José hablaron a Josué, diciendo: ¿Por qué nos has dado por heredad una sola suerte y una sola parte, siendo nosotros un pueblo tan grande, y que Jehová nos ha bendecido hasta ahora? Y Josué les respondió: Si sois pueblo tan grande, subid al bosque, y haceos desmontes allí en la tierra de los ferezeos y de los refaítas, ya que el monte de Efraín es estrecho para vosotros.

Entonces Josué respondió a la casa de José, a Efraín y a Manasés, diciendo: Tú eres gran pueblo, y tienes grande poder; no tendrás una sola parte, sino que aquel monte será tuyo; pues aunque es bosque, tú lo desmontarás y lo poseerás hasta sus límites más lejanos; porque tú arrojarás al cananeo, aunque tenga carros herrados, y aunque sea fuerte.

Josué 16 y 17 nos muestran que recibir una herencia también implica asumir la responsabilidad de cuidarla y avanzar en lo que todavía falta. Estos capítulos describen los territorios asignados a Efraín y Manasés, descendientes de José, y nos recuerdan que la fidelidad de Dios se expresa también en el cumplimiento de lo que había prometido a Su pueblo. Sin embargo, aparece un detalle que llama la atención: los hijos de Efraín no expulsaron a los cananeos que habitaban en Gezer, sino que los dejaron permanecer en medio de ellos. Más adelante, se repite que Manasés no pudo ocupar algunas de sus ciudades porque los cananeos persistieron en habitar allí. El relato muestra que, aunque Israel tenía la promesa y había recibido territorio, todavía debía actuar con determinación para ocuparlo plenamente. ¡Qué importante es esta enseñanza! No basta con reconocer lo que Dios nos ha dado; también debemos permanecer atentos a aquello que puede obstaculizar nuestra obediencia y no acostumbrarnos a convivir con lo que sabemos que debemos corregir. En Josué 17 aparecen las hijas de Zelofehad, quienes se acercan a reclamar la herencia que les correspondía conforme a la palabra que Jehová había dado a Moisés. Ellas no se quedaron en silencio ni renunciaron a lo que les correspondía: actuaron con determinación y buscaron que se respetara la instrucción recibida. Después, los hijos de José expresan que su territorio es insuficiente, y Josué les responde que suban al bosque, lo desmonten y ocupen el terreno, aunque haya obstáculos y carros de hierro. En otras palabras, debían dejar de mirar solamente la dificultad y comenzar a actuar con la capacidad y la responsabilidad que tenían. Para el creyente, estos capítulos nos invitan a examinar el corazón: ¿hay algo que hemos dejado permanecer y que debimos corregir?, ¿estamos esperando que todo sea fácil antes de obedecer?, ¿hemos reconocido las oportunidades que tenemos delante? Nuestro Padre amado nos enseña a confiar en Sus promesas sin caer en la pasividad. La fe firme no se conforma con recibir la promesa: persevera, actúa con sabiduría y avanza en obediencia, aun cuando el camino presente resistencia. Que permanezcamos atentos, con una mente renovada y un corazón lleno de amor, cuidando lo que Dios nos ha confiado y avanzando fielmente mientras aguardamos el retorno de nuestro Señor Jesucristo.

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