Lunes 14 Septiembre 2026
Deuteronomio 17 y 18
LECTURA DIARIA


DEUTERONOMIO 17:15, 17-20
ciertamente pondrás por rey sobre ti al que Jehová tu Dios escogiere; de entre tus hermanos pondrás rey sobre ti; no podrás poner sobre ti a hombre extranjero, que no sea tu hermano.
Ni tomará para sí muchas mujeres, para que su corazón no se desvíe; ni plata ni oro amontonará para sí en abundancia. Y cuando se siente sobre el trono de su reino, entonces escribirá para sí en un libro una copia de esta ley, del original que está al cuidado de los sacerdotes levitas; y lo tendrá consigo, y leerá en él todos los días de su vida, para que aprenda a temer a Jehová su Dios, para guardar todas las palabras de esta ley y estos estatutos, para ponerlos por obra; para que no se eleve su corazón sobre sus hermanos, ni se aparte del mandamiento a diestra ni a siniestra; a fin de que prolongue sus días en su reino, él y sus hijos, en medio de Israel.
DEUTERONOMIO 18:9-15, 18-19, 21-22
Cuando entres a la tierra que Jehová tu Dios te da, no aprenderás a hacer según las abominaciones de aquellas naciones. No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos. Porque es abominación para con Jehová cualquiera que hace estas cosas, y por estas abominaciones Jehová tu Dios echa estas naciones de delante de ti. Perfecto serás delante de Jehová tu Dios. Porque estas naciones que vas a heredar, a agoreros y a adivinos oyen; mas a ti no te ha permitido esto Jehová tu Dios. Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis;
Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare. Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta.
Y si dijeres en tu corazón: ¿Cómo conoceremos la palabra que Jehová no ha hablado?; si el profeta hablare en nombre de Jehová, y no se cumpliere lo que dijo, ni aconteciere, es palabra que Jehová no ha hablado; con presunción la habló el tal profeta; no tengas temor de él.
Deuteronomio 17 y 18 muestran a un Padre amado enseñando a Su pueblo algo indispensable para permanecer firme: aprender a distinguir entre lo que viene de Dios y aquello que pretende ocupar Su lugar. Israel estaba entrando en una nueva etapa y necesitaría jueces, autoridades y dirección espiritual; por eso Dios establece orden, justicia y límites, pero también deja claro que la autoridad humana nunca debía colocarse por encima de Su Palabra. El rey debía tener una copia de la ley consigo, “y la leerá en él todos los días de su vida”, para que su corazón no se elevara sobre sus hermanos. Qué imagen tan hermosa: el que tiene autoridad también necesita permanecer debajo de la Palabra. El conocimiento y la posición no debían producir orgullo, sino humildad. En el capítulo 18 aparece otra protección: Israel no debía buscar dirección en adivinos, hechiceros, encantadores ni consultar a los muertos; cuando necesitara saber el camino, debía acudir a Dios. Y entonces aparece una de las promesas más preciosas: “Profeta de en medio de ti... te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis”. Dios no deja a Su pueblo sin dirección; Él mismo provee la palabra que necesita escuchar. Para el creyente, esto toca algo muy actual: cuando no sabe qué hacer, ¿a qué voz corre primero? En momentos de incertidumbre podemos buscar respuestas rápidas en cualquier lugar, pero estos capítulos recuerdan que la seguridad no está en acumular voces, sino en reconocer la voz de Dios y permanecer en Su verdad. También aparece nuevamente el tema del discernimiento: no todo aquel que habla en nombre de Dios habla realmente de parte de Dios; la palabra debía ser examinada y, si no se cumplía, no debía ser recibida como palabra de Jehová. Así, el Padre enseña a Su pueblo a no vivir engañado ni impresionado por apariencias, sino atento, sobrio y fundamentado en lo que Él ya ha dicho. La secuencia se vuelve hermosa: Dios establece Su Palabra, el corazón se mantiene humilde, el creyente escucha, discierne, rechaza voces extrañas, permanece firme. Y esto nos recuerda que velar no es sospechar de todo ni vivir con miedo; es amar la verdad lo suficiente como para no entregarle el corazón a cualquier voz. En Cristo Jesús tenemos la expresión perfecta de esa Palabra que Dios prometió levantar, y mientras aguardamos Su retorno, el llamado sigue siendo sencillo y profundo: permanecer atentos, firmes en la Palabra y con el corazón suficientemente humilde para escuchar, discernir y obedecer.
