Lunes 18 Mayo 2026
Éxodo 33 y 34
LECTURA DIARIA


ÉXODO 33:1, 7-8, 10-11, 13-18
Jehová dijo a Moisés: Anda, sube de aquí, tú y el pueblo que sacaste de la tierra de Egipto, a la tierra de la cual juré a Abraham, Isaac y Jacob, diciendo: A tu descendencia la daré;
Y Moisés tomó el tabernáculo, y lo levantó lejos, fuera del campamento, y lo llamó el Tabernáculo de Reunión. Y cualquiera que buscaba a Jehová, salía al tabernáculo de reunión que estaba fuera del campamento. Y sucedía que cuando salía Moisés al tabernáculo, todo el pueblo se levantaba, y cada cual estaba en pie a la puerta de su tienda, y miraban en pos de Moisés, hasta que él entraba en el tabernáculo.
Y viendo todo el pueblo la columna de nube que estaba a la puerta del tabernáculo, se levantaba cada uno a la puerta de su tienda y adoraba. Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero. Y él volvía al campamento; pero el joven Josué hijo de Nun, su servidor, nunca se apartaba de en medio del tabernáculo.
Ahora, pues, si he hallado gracia en tus ojos, te ruego que me muestres ahora tu camino, para que te conozca, y halle gracia en tus ojos; y mira que esta gente es pueblo tuyo. Y él dijo: Mi presencia irá contigo, y te daré descanso. Y Moisés respondió: Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí. ¿Y en qué se conocerá aquí que he hallado gracia en tus ojos, yo y tu pueblo, sino en que tú andes con nosotros, y que yo y tu pueblo seamos apartados de todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra? Y Jehová dijo a Moisés: También haré esto que has dicho, por cuanto has hallado gracia en mis ojos, y te he conocido por tu nombre. Él entonces dijo: Te ruego que me muestres tu gloria.
ÉXODO 34:6, 8-9, 28-29, 35
Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad;
Entonces Moisés, apresurándose, bajó la cabeza hacia el suelo y adoró. Y dijo: Si ahora, Señor, he hallado gracia en tus ojos, vaya ahora el Señor en medio de nosotros; porque es un pueblo de dura cerviz; y perdona nuestra iniquidad y nuestro pecado, y tómanos por tu heredad.
Y él estuvo allí con Jehová cuarenta días y cuarenta noches; no comió pan, ni bebió agua; y escribió en tablas las palabras del pacto, los diez mandamientos. Y aconteció que descendiendo Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, al descender del monte, no sabía Moisés que la piel de su rostro resplandecía, después que hubo hablado con Dios.
Y al mirar los hijos de Israel el rostro de Moisés, veían que la piel de su rostro era resplandeciente; y volvía Moisés a poner el velo sobre su rostro, hasta que entraba a hablar con Dios.
En Éxodo 33 y 34 se revela algo profundamente confrontador: después del pecado del pueblo, nuestro Padre amado no solamente corrige, también muestra que Su presencia sigue siendo el centro del verdadero propósito. Moisés entendió que no bastaba con tener promesas, tierra o bendiciones; avanzar sin la presencia de Dios era caminar vacío. Por eso dijo: “Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí”. En el pensamiento oriental, la presencia representaba dirección, identidad, cobertura y comunión constante. Luego Dios revela Su carácter como misericordioso, paciente y lleno de verdad, mostrando que quien permanece cerca de Él termina reflejando Su naturaleza. Por eso el rostro de Moisés resplandecía; la cercanía con Dios transformaba visiblemente su interior. Esto confronta muchísimo hoy, porque muchas veces las personas buscan respuestas rápidas, resultados o emociones espirituales, pero no profundidad verdadera en relación con nuestro Padre amado. Sin embargo, quien permanece vigilante, firme y esforzado en amor comienza a reflejar a Cristo Jesús en su manera de pensar, hablar, reaccionar y vivir. La verdadera madurez espiritual no consiste solamente en conocer de Dios, sino en caminar tan cerca de Él que Su carácter termine siendo visible en la vida diaria.
