Lunes 20 Abril 2026
Éxodo 15-16
LECTURA DIARIA


ÉXODO 15:2, 23-26
Jehová es mi fortaleza y mi cántico, Y ha sido mi salvación. Este es mi Dios, y lo alabaré; Dios de mi padre, y lo enalteceré.
Y llegaron a Mara, y no pudieron beber las aguas de Mara, porque eran amargas; por eso le pusieron el nombre de Mara. Entonces el pueblo murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Qué hemos de beber? Y Moisés clamó a Jehová, y Jehová le mostró un árbol; y lo echó en las aguas, y las aguas se endulzaron. Allí les dio estatutos y ordenanzas, y allí los probó; y dijo: Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador.
ÉXODO 16:4, 8, 16, 20-21, 23-24, 27, 35
Y Jehová dijo a Moisés: He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y recogerá diariamente la porción de un día, para que yo lo pruebe si anda en mi ley, o no.
Dijo también Moisés: Jehová os dará en la tarde carne para comer, y en la mañana pan hasta saciaros; porque Jehová ha oído vuestras murmuraciones con que habéis murmurado contra él; porque nosotros, ¿qué somos? Vuestras murmuraciones no son contra nosotros, sino contra Jehová.
Esto es lo que Jehová ha mandado: Recoged de él cada uno según lo que pudiere comer; un gomer por cabeza, conforme al número de vuestras personas, tomaréis cada uno para los que están en su tienda.
Mas ellos no obedecieron a Moisés, sino que algunos dejaron de ello para otro día, y crio gusanos, y hedió; y se enojó contra ellos Moisés. Y lo recogían cada mañana, cada uno según lo que había de comer; y luego que el sol calentaba, se derretía.
Y él les dijo: Esto es lo que ha dicho Jehová: Mañana es el santo día de reposo, el reposo consagrado a Jehová; lo que habéis de cocer, cocedlo hoy, y lo que habéis de cocinar, cocinadlo; y todo lo que os sobrare, guardadlo para mañana. Y ellos lo guardaron hasta la mañana, según lo que Moisés había mandado, y no se agusanó, ni hedió.
Y aconteció que algunos del pueblo salieron en el séptimo día a recoger, y no hallaron.
Así comieron los hijos de Israel maná cuarenta años, hasta que llegaron a tierra habitada; maná comieron hasta que llegaron a los límites de la tierra de Canaán.
En Éxodo 15 y 16, se ve algo muy real, el pueblo pasa de cantar victoria a enfrentar el desierto. Y el desierto, en ese contexto, no era solo un lugar físico, era un espacio de formación: calor, escasez, incomodidad,un lugar donde sale lo que hay en el corazón. Allí nuestro Padre amado no solo provee, también trabaja el carácter. Cuando las aguas amargas se vuelven dulces, enseña que Él puede transformar lo difícil; y cuando envía el maná diario, deja una lección clara: dependencia constante, sin acumular, sin ansiedad, confiando día a día. Guardar de más no era previsión, era desconfianza. Dios estaba formando un pueblo que aprendiera a vivir confiando, no controlando.
Hay “desiertos” que no se evitan, se atraviesan, porque son parte del proceso donde Dios afirma el corazón. Allí no se trata de emoción, se trata de mantenerse firmes, actuar con valentía y hacerlo todo con amor. El esfuerzo verdadero no es solo resistir, es obedecer con una actitud correcta, sin queja, sin retroceder, confiando en que nuestro Padre amado sigue siendo bueno aun cuando el panorama no es cómodo.
En medio del proceso, no olvidar lo que Dios ya hizo, no quejarse cuando falte lo que se quiere, y no adelantarse a los tiempos. Permanecer firmes, avanzar con decisión y responder con amor en lo diario. El que aprende a depender de Dios en lo simple, ve Su mano en lo grande.
Sigamos caminando con firmeza, obedeciendo con amor y confiando en cada etapa, porque Él provee, sostiene y forma para algo mayor.
