Lunes 22 Junio 2026

Levítico 13

LECTURA DIARIA

LEVÍTICO 13:2-3, 5, 13, 45-46, 57

Cuando el hombre tuviere en la piel de su cuerpo hinchazón, o erupción, o mancha blanca, y hubiere en la piel de su cuerpo como llaga de lepra, será traído a Aarón el sacerdote o a uno de sus hijos los sacerdotes. Y el sacerdote mirará la llaga en la piel del cuerpo; si el pelo en la llaga se ha vuelto blanco, y pareciere la llaga más profunda que la piel de la carne, llaga de lepra es; y el sacerdote le reconocerá, y le declarará inmundo.

Y al séptimo día el sacerdote lo mirará; y si la llaga conserva el mismo aspecto, no habiéndose extendido en la piel, entonces el sacerdote le volverá a encerrar por otros siete días.

entonces este le reconocerá; y si la lepra hubiere cubierto todo su cuerpo, declarará limpio al llagado; toda ella se ha vuelto blanca, y él es limpio.

Y el leproso en quien hubiere llaga llevará vestidos rasgados y su cabeza descubierta, y embozado pregonará: ¡Inmundo! ¡Inmundo! Todo el tiempo que la llaga estuviere en él, será inmundo; estará impuro, y habitará solo; fuera del campamento será su morada.

Y si apareciere de nuevo en el vestido, la urdimbre o trama, o en cualquiera cosa de cuero, extendiéndose en ellos, quemarás al fuego aquello en que estuviere la plaga.

*Levítico 13 puede parecer un capítulo difícil porque está dedicado a las instrucciones sobre la lepra y otras afecciones visibles en la piel, las vestiduras y las casas. Sin embargo, más allá de las normas sanitarias, encontramos una enseñanza espiritual muy profunda. En el pensamiento oriental, la lepra era una imagen de algo que comienza de manera pequeña, casi imperceptible, pero que si no es atendido termina extendiéndose y afectando toda la vida. Por eso Dios enseñó a Israel a examinar cuidadosamente cualquier señal sospechosa antes de ignorarla. El énfasis del capítulo no está en la enfermedad misma, sino en la importancia de reconocer aquello que puede contaminar, deteriorar o apartar gradualmente a una persona del propósito de Dios.* De la misma manera, nuestro Padre amado desea que examinemos regularmente nuestro corazón, pensamientos, actitudes y motivaciones para identificar aquellas áreas que necesitan corrección antes de que crezcan y produzcan mayores consecuencias. Mientras aguardamos el retorno de Cristo Jesús, somos llamados a caminar por fe con sensibilidad espiritual, permitiendo que la Palabra de Dios ilumine las áreas ocultas de nuestra vida y produzca los ajustes necesarios. Porque la verdadera firmeza espiritual no consiste únicamente en corregir lo visible, sino en atender aquello que comienza en el interior antes de que afecte todo nuestro caminar con Dios.

Así como Israel debía examinar cuidadosamente cualquier señal de lepra, nosotros también debemos permitir que la Palabra de Dios examine nuestro corazón. Actitudes como el orgullo, la amargura, el resentimiento, la indiferencia o la falta de fe suelen comenzar de forma pequeña, pero pueden crecer si no son atendidas. Mientras aguardamos el retorno de Cristo Jesús, pidamos a nuestro Padre amado sensibilidad espiritual para reconocer aquello que necesita ser corregido y valentía para permitir que Él produzca los cambios necesarios en nuestra vida. Porque una fe firme se fortalece cuando aprendemos a atender las pequeñas señales antes de que se conviertan en grandes problemas.

Salmos 139:23-24

“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno.”

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