Lunes 25 Mayo 2026
Éxodo 37 y 38
LECTURA DIARIA


ÉXODO 37:1, 9, 17, 29
Hizo también Bezaleel el arca de madera de acacia; su longitud era de dos codos y medio, su anchura de codo y medio, y su altura de codo y medio.
Y los querubines extendían sus alas por encima, cubriendo con sus alas el propiciatorio; y sus rostros el uno enfrente del otro miraban hacia el propiciatorio.
Hizo asimismo el candelero de oro puro, labrado a martillo; su pie, su caña, sus copas, sus manzanas y sus flores eran de lo mismo.
Hizo asimismo el aceite santo de la unción, y el incienso puro, aromático, según el arte del perfumador.
ÉXODO 38:1, 8, 21
Igualmente hizo de madera de acacia el altar del holocausto; su longitud de cinco codos, y su anchura de otros cinco codos, cuadrado, y de tres codos de altura.
También hizo la fuente de bronce y su base de bronce, de los espejos de las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo de reunión.
Estas son las cuentas del tabernáculo, del tabernáculo del testimonio, las que se hicieron por orden de Moisés por obra de los levitas bajo la dirección de Itamar hijo del sacerdote Aarón.
En Éxodo 37 y 38 nuestro Padre amado revela que Su presencia no debía ser tratada de manera superficial ni desordenada. Cada objeto del tabernáculo tenía propósito, significado y dirección específica, mostrando que Dios no solamente deseaba habitar en medio del pueblo, sino también formar corazones conscientes de Su santidad y cercanía. El arca representaba comunión y pacto; el candelero, luz constante; el altar, entrega y reconciliación. En el pensamiento oriental, la luz encendida continuamente simbolizaba vigilancia espiritual y dependencia diaria de Dios. Esto confronta muchísimo hoy, porque muchas veces las personas desean sentir la presencia de Dios, pero sin cultivar intimidad, obediencia ni sensibilidad espiritual. También impacta ver la excelencia y detalle con que realiza cada obra, enseñando que aun lo que parece pequeño o cotidiano puede glorificar profundamente a nuestro Padre amado cuando se hace con reverencia y disposición correcta. Velar es cuidar que la luz interior no se apague por rutina, distracción o frialdad espiritual; estar firmes es permanecer obedientes aun en detalles que otros no ven; y esforzarse en amor es comprender que la verdadera adoración no se limita a palabras, sino a una vida diaria rendida a Cristo Jesús. Porque quien aprende a caminar consciente de la presencia de Dios comienza a reflejar orden, reverencia y una profundidad espiritual que transforma también todo lo que lo rodea.
