Lunes 26 Octubre 2026
Jueces 7 y 8
LECTURA DIARIA


JUECES 7:2, 7, 9-11, 14-15
Y Jehová dijo a Gedeón: El pueblo que está contigo es mucho para que yo entregue a los madianitas en su mano, no sea que se alabe Israel contra mí, diciendo: Mi mano me ha salvado.
Entonces Jehová dijo a Gedeón: Con estos trescientos hombres que lamieron el agua os salvaré, y entregaré a los madianitas en tus manos; y váyase toda la demás gente cada uno a su lugar.
Aconteció que aquella noche Jehová le dijo: Levántate, y desciende al campamento; porque yo lo he entregado en tus manos. Y si tienes temor de descender, baja tú con Fura tu criado al campamento, y oirás lo que hablan; y entonces tus manos se esforzarán, y descenderás al campamento. Y él descendió con Fura su criado hasta los puestos avanzados de la gente armada que estaba en el campamento.
Y su compañero respondió y dijo: Esto no es otra cosa sino la espada de Gedeón hijo de Joás, varón de Israel. Dios ha entregado en sus manos a los madianitas con todo el campamento. Cuando Gedeón oyó el relato del sueño y su interpretación, adoró; y vuelto al campamento de Israel, dijo: Levantaos, porque Jehová ha entregado el campamento de Madián en vuestras manos.
JUECES 8:16, 22-24, 26-28
Y tomó a los ancianos de la ciudad, y espinos y abrojos del desierto, y castigó con ellos a los de Sucot.
Y los israelitas dijeron a Gedeón: Sé nuestro señor, tú, y tu hijo, y tu nieto; pues que nos has librado de mano de Madián. Mas Gedeón respondió: No seré señor sobre vosotros, ni mi hijo os señoreará: Jehová señoreará sobre vosotros. Y les dijo Gedeón: Quiero haceros una petición; que cada uno me dé los zarcillos de su botín (pues traían zarcillos de oro, porque eran ismaelitas).
Y fue el peso de los zarcillos de oro que él pidió, mil setecientos siclos de oro, sin las planchas y joyeles y vestidos de púrpura que traían los reyes de Madián, y sin los collares que traían sus camellos al cuello. Y Gedeón hizo de ellos un efod, el cual hizo guardar en su ciudad de Ofra; y todo Israel se prostituyó tras de ese efod en aquel lugar; y fue tropezadero a Gedeón y a su casa. Así fue subyugado Madián delante de los hijos de Israel, y nunca más volvió a levantar cabeza. Y reposó la tierra cuarenta años en los días de Gedeón.
En Jueces 7, Gedeón se prepara para enfrentar a los madianitas, pero nuestro Padre amado reduce su ejército hasta dejar solamente trescientos hombres. Humanamente, aquello parecía una desventaja; sin embargo, Jehová quería que Israel comprendiera que la victoria no dependía de su propia fuerza. Gedeón tuvo que escuchar, creer y obedecer instrucciones que podían parecer extrañas: sus hombres llevaron trompetas, cántaros y antorchas, y cuando llegó el momento, actuaron conforme a lo indicado. ¡Qué poderosa enseñanza para nosotros! La fe no consiste solamente en creer que Dios puede obrar, sino también en obedecer Su Palabra cuando todavía no comprendemos cómo se desarrollarán las cosas. Gedeón, que al principio se veía limitado y temeroso, avanzó paso a paso y comprobó que podía cumplir aquello que se le había encomendado. Pero Jueces 8 nos muestra otra prueba: no basta con comenzar confiando en Dios; también necesitamos cuidar nuestro corazón después de alcanzar la victoria. Gedeón enfrentó el cansancio, la oposición y los conflictos entre sus propios hermanos israelitas, y aunque rechazó inicialmente la propuesta de gobernar sobre ellos, diciendo que Jehová señorearía, más adelante tomó decisiones que trajeron consecuencias para su casa y se convirtieron en tropiezo para Israel. ¡Cuánto necesitamos velar! La victoria exterior no nos exime de vigilar nuestras motivaciones, nuestras palabras y nuestras decisiones. El orgullo, la ira y los deseos que parecen pequeños pueden debilitar lo que la obediencia ayudó a conquistar. Por eso, no debemos medir nuestra vida solamente por las batallas que hemos ganado, sino también por la fidelidad con la que seguimos caminando. Nuestro Padre amado puede capacitarnos más allá de nuestras limitaciones, pero nosotros debemos permanecer enseñables, firmes en Su Palabra y llenos de amor. Velar es reconocer los peligros antes y después de la victoria; permanecer firmes es darle a Dios el lugar que le corresponde en cada etapa. Que no nos detengamos por temor ni nos descuidemos por los logros, sino que sigamos obedeciendo con humildad, fe y amor, aguardando con esperanza el retorno de nuestro Señor Jesucristo.
¿Cómo llevamos estas enseñanzas a nuestra vida?
🪔 Cuando parezca que tenemos poco: no despreciemos lo que tenemos en las manos. Escuchemos la Palabra y demos el siguiente paso con fe.
🪔 Cuando sintamos temor: recordemos que Gedeón no comenzó sintiéndose invencible; aprendió a avanzar mientras obedecía.
🪔 Cuando llegue la victoria: mantengamos la humildad. El éxito no debe apartarnos de la dependencia de nuestro Padre amado.
🪔 Cuando aparezcan el cansancio o la ofensa: cuidemos nuestras respuestas. No permitamos que una batalla ganada nos lleve a actuar sin amor ni discernimiento.
Para reflexionar: ¿Estamos confiando en nuestro Padre amado aun cuando los recursos parecen insuficientes? Y cuando las cosas salen bien, ¿seguimos dándole a Él el primer lugar?
Que nuestro Padre amado nos capacite para avanzar con valentía, nos conceda sabiduría para discernir cada paso y conserve nuestro corazón humilde y obediente. ¡Que nuestra firmeza no se vea solamente en cómo enfrentamos las batallas, sino también en cómo vivimos después de vencer!
