Lunes 30 Marzo 2026

Éxodo 1 - 2

LECTURA DIARIA

Éxodo 1:8-12, 17, 20

Entretanto, se levantó sobre Egipto un nuevo rey que no conocía a José; y dijo a su pueblo: He aquí, el pueblo de los hijos de Israel es mayor y más fuerte que nosotros. Ahora, pues, seamos sabios para con él, para que no se multiplique, y acontezca que viniendo guerra, él también se una a nuestros enemigos y pelee contra nosotros, y se vaya de la tierra. Entonces pusieron sobre ellos comisarios de tributos que los molestasen con sus cargas; y edificaron para Faraón las ciudades de almacenaje, Pitón y Ramesés. Pero cuanto más los oprimían, tanto más se multiplicaban y crecían, de manera que los egipcios temían a los hijos de Israel.

Pero las parteras temieron a Dios, y no hicieron como les mandó el rey de Egipto, sino que preservaron la vida a los niños.

Y Dios hizo bien a las parteras; y el pueblo se multiplicó y se fortaleció en gran manera.

Éxodo 2:2-3, 6-8, 10, 12, 15, 24-25

la que concibió, y dio a luz un hijo; y viéndole que era hermoso, le tuvo escondido tres meses. Pero no pudiendo ocultarle más tiempo, tomó una arquilla de juncos y la calafateó con asfalto y brea, y colocó en ella al niño y lo puso en un carrizal a la orilla del río.

Y cuando la abrió, vio al niño; y he aquí que el niño lloraba. Y teniendo compasión de él, dijo: De los niños de los hebreos es este. Entonces su hermana dijo a la hija de Faraón: ¿Iré a llamarte una nodriza de las hebreas, para que te críe este niño? Y la hija de Faraón respondió: Ve. Entonces fue la doncella, y llamó a la madre del niño,

Y cuando el niño creció, ella lo trajo a la hija de Faraón, la cual lo prohijó, y le puso por nombre Moisés, diciendo: Porque de las aguas lo saqué.

Entonces miró a todas partes, y viendo que no parecía nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena.

Oyendo Faraón acerca de este hecho, procuró matar a Moisés; pero Moisés huyó de delante de Faraón, y habitó en la tierra de Madián.

Y oyó Dios el gemido de ellos, y se acordó de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob. Y miró Dios a los hijos de Israel, y los reconoció Dios.

En Éxodo 1 y 2 vemos cómo el pueblo de Israel crece en Egipto, pero también cómo se levanta la opresión a través de Faraón, quien, movido por temor, decide afligirlos. En la mentalidad oriental, el crecimiento de un pueblo representaba bendición y respaldo divino, pero también despertaba temor en quienes no conocían a Dios. A pesar de la presión, el pueblo se multiplica, mostrando que cuando nuestro Padre amado está en medio, ningún sistema puede detener Su propósito. Luego vemos el nacimiento de Moisés, preservado por fe en medio del peligro; su madre lo coloca en una canasta en el río, un acto cargado de confianza total en Dios. Es criado en casa de Faraón, pero con identidad hebrea sembrada en su corazón. Más adelante, Moisés intenta actuar en sus propias fuerzas y termina huyendo al desierto; en la cultura bíblica, el desierto no era solo un lugar físico, sino un espacio de formación, donde Dios trata el carácter y prepara para el propósito. Allí, Dios comienza a ordenar su vida, mostrándonos que incluso los errores no detienen el plan divino. Estos capítulos nos enseñan que, aunque enfrentemos presión, procesos o momentos de incertidumbre, nuestro Padre sigue obrando. La firmeza se desarrolla cuando confiamos en Él, aun sin entender el proceso, sabiendo que todo forma parte de una preparación para lo que Él ya ha determinado.