Lunes 5 Enero 2026
Genesis 3 - 4
LECTURA DIARIA
Génesis 3:1, 6, 9
Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?
Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.
Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú?
Génesis 4:4-5, 7, 9
Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante.
Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él.
Y Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?
"Génesis 3 y 4 revelan cómo una humanidad creada para vivir en comunión con Dios comienza a caminar distraída, bajando la guardia espiritual. La caída no empezó con rebeldía abierta, sino con una mente que dejó de velar, que escuchó otra voz y cuestionó la Palabra. En Génesis 4, esa desconexión interior se expresa en relaciones rotas: Caín no domina lo que pasa dentro y termina actuando desde una ofrenda sin fe, un corazón no examinado y una actitud no corregida. Dios advierte, llama, confronta y extiende gracia, pero el hombre decide no mantenerse firme. Estos capítulos nos muestran que el peligro mayor no es el pecado externo, sino una vida espiritual descuidada. El creyente es llamado a vivir alerta, gobernando su interior, caminando en obediencia y permaneciendo firme aun cuando el corazón es probado."
La caída comienza cuando se baja la guardia espiritual
Génesis 3:1
“Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho…”.
Lo que no se discierne espiritualmente, termina decidiéndose desde los sentidos.
Génesis 3:6
“Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer… y tomó de su fruto, y comió.”
Dios busca al hombre aun después de la caída; gracia que llama a responsabilidad.
Génesis 3:9
“Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú?”
Dios no mira solo la acción externa, mira el corazón que ofrece.
Génesis 4:4–5
“Y Abel trajo… y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín…”
El llamado a dominar el interior es claro: velar, estar firmes, no ceder.
Génesis 4:7
“Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? Y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta… pero tú te enseñorearás de él.”
Cuando se pierde la firmeza espiritual, también se pierde responsabilidad hacia otros.
Génesis 4:9
“¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?”
Génesis 3 y 4 muestran exactamente lo que ocurre cuando no se vela ni se permanece firme; Pablo nos recuerda el llamado contrario: vivir despiertos, firmes y responsables delante de Dios.
1 Corintios 16:13
“Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos.”
La caída no ocurre de golpe; ocurre cuando dejamos de velar. Génesis 3 nos muestra que Eva no cayó por falta de información, sino por bajar la guardia: escuchó otra voz, dialogó con la duda y permitió que el deseo dirigiera la decisión. En la vida diaria pasa igual: no nos apartamos de Dios por un gran pecado, sino por pequeñas distracciones no vigiladas, pensamientos no confrontados y emociones no sometidas. Por eso la exhortación es clara: no vivas en automático. Dios le dijo a Caín que el pecado estaba a la puerta, pero que él debía dominarlo; es decir, lo que no se gobierna por dentro, termina gobernándonos por fuera. El creyente que vela no niega que la carne es débil, pero decide fortalecerse en la obediencia, permaneciendo firme cuando nadie ve, cuando el corazón es probado y cuando la fe se vuelve una decisión diaria. Velar es elegir obedecer antes de sentir, permanecer antes de huir y confiar antes de reaccionar.


