Lunes 9 Febrero 2026
Génesis 23-24
LECTURA DIARIA
Génesis 23:2, 4, 19
Y murió Sara en Quiriat-arba, que es Hebrón, en la tierra de Canaán; y vino Abraham a hacer duelo por Sara, y a llorarla.
Extranjero y forastero soy entre vosotros; dadme propiedad para sepultura entre vosotros, y sepultaré mi muerta de delante de mí.
Después de esto sepultó Abraham a Sara su mujer en la cueva de la heredad de Macpela al oriente de Mamre, que es Hebrón, en la tierra de Canaán.
Génesis 24:2-4, 12, 14, 26-27, 58
Y dijo Abraham a un criado suyo, el más viejo de su casa, que era el que gobernaba en todo lo que tenía: Pon ahora tu mano debajo de mi muslo, y te juramentaré por Jehová, Dios de los cielos y Dios de la tierra, que no tomarás para mi hijo mujer de las hijas de los cananeos, entre los cuales yo habito; sino que irás a mi tierra y a mi parentela, y tomarás mujer para mi hijo Isaac.
Y dijo: Oh Jehová, Dios de mi señor Abraham, dame, te ruego, el tener hoy buen encuentro, y haz misericordia con mi señor Abraham.
Sea, pues, que la doncella a quien yo dijere: Baja tu cántaro, te ruego, para que yo beba, y ella respondiere: Bebe, y también daré de beber a tus camellos; que sea esta la que tú has destinado para tu siervo Isaac; y en esto conoceré que habrás hecho misericordia con mi señor.
El hombre entonces se inclinó, y adoró a Jehová, y dijo: Bendito sea Jehová, Dios de mi amo Abraham, que no apartó de mi amo su misericordia y su verdad, guiándome Jehová en el camino a casa de los hermanos de mi amo.
Y llamaron a Rebeca, y le dijeron: ¿Irás tú con este varón? Y ella respondió: Sí, iré.
"Génesis 23 y 24 revelan que la fe que agrada a Dios se vive tanto en los momentos de pérdida como en las decisiones que definen el futuro. Abraham no niega su dolor por la muerte de Sara, pero tampoco pierde su compostura espiritual; actúa con dignidad, respeto y visión de pacto, asegurando una heredad aun en tierra ajena, mostrando que quien cree en las promesas de Dios camina con esperanza más allá del presente. Luego, en Génesis 24, vemos una fe que se expresa en responsabilidad espiritual: Abraham cuida el legado, protege la promesa y busca que Isaac no se mezcle con influencias que desvíen su propósito. El siervo ora, espera señal, discierne y reconoce la mano de Dios en Rebeca, una mujer que demuestra carácter a través del servicio y la hospitalidad antes de recibir cualquier bendición. Estos capítulos nos alertan a no vivir por impulsos ni emociones, sino a velar espiritualmente, mantenernos firmes en nuestras convicciones y permitir que Dios dirija cada paso importante de nuestra vida. Así aprendemos que la verdadera fe no corre, no improvisa ni se contamina, sino que espera, discierne y actúa con amor, obediencia y firmeza, tal como nos exhorta 1 Corintios 16:13–14".


