Martes 1 Septiembre 2026
Deuteronomio 1 y 2
LECTURA DIARIA


DEUTERONOMIO 1:1, 8, 21, 25-27, 29-33
Estas son las palabras que habló Moisés a todo Israel a este lado del Jordán en el desierto, en el Arabá frente al Mar Rojo, entre Parán, Tofel, Labán, Hazerot y Dizahab.
Mirad, yo os he entregado la tierra; entrad y poseed la tierra que Jehová juró a vuestros padres Abraham, Isaac y Jacob, que les daría a ellos y a su descendencia después de ellos.
Mira, Jehová tu Dios te ha entregado la tierra; sube y toma posesión de ella, como Jehová el Dios de tus padres te ha dicho; no temas ni desmayes.
Y tomaron en sus manos del fruto del país, y nos lo trajeron, y nos dieron cuenta, y dijeron: Es buena la tierra que Jehová nuestro Dios nos da. Sin embargo, no quisisteis subir, antes fuisteis rebeldes al mandato de Jehová vuestro Dios; y murmurasteis en vuestras tiendas, diciendo: Porque Jehová nos aborrece, nos ha sacado de tierra de Egipto, para entregarnos en manos del amorreo para destruirnos.
Entonces os dije: No temáis, ni tengáis miedo de ellos. Jehová vuestro Dios, el cual va delante de vosotros, él peleará por vosotros, conforme a todas las cosas que hizo por vosotros en Egipto delante de vuestros ojos. Y en el desierto has visto que Jehová tu Dios te ha traído, como trae el hombre a su hijo, por todo el camino que habéis andado, hasta llegar a este lugar. Y aun con esto no creísteis a Jehová vuestro Dios, quien iba delante de vosotros por el camino para reconoceros el lugar donde habíais de acampar, con fuego de noche para mostraros el camino por donde anduvieseis, y con nube de día.
DEUTERONOMIO 2:4-5, 7
Y manda al pueblo, diciendo: Pasando vosotros por el territorio de vuestros hermanos los hijos de Esaú, que habitan en Seir, ellos tendrán miedo de vosotros; mas vosotros guardaos mucho. No os metáis con ellos, porque no os daré de su tierra ni aun lo que cubre la planta de un pie; porque yo he dado por heredad a Esaú el monte de Seir.
pues Jehová tu Dios te ha bendecido en toda obra de tus manos; él sabe que andas por este gran desierto; estos cuarenta años Jehová tu Dios ha estado contigo, y nada te ha faltado.
Deuteronomio 1 y 2 presentan a Moisés haciendo memoria delante de una nueva generación: Israel está a las puertas de una nueva etapa, pero antes necesita recordar lo que ocurrió cuando sus padres estuvieron allí. Moisés les recuerda cómo Dios había dicho: «Mirad, Jehová vuestro Dios os ha entregado la tierra; subid y poseedla»; sin embargo, el pueblo permitió que el temor interpretara las circunstancias por encima de la Palabra recibida. Dios había hablado, ellos escucharon, pero el miedo terminó gobernando sus decisiones. La dificultad no estaba en la fidelidad de Dios, sino en la respuesta del corazón. Moisés también recuerda que Dios los había llevado por el desierto como un padre lleva a su hijo, sosteniéndolos y guiándolos aun cuando ellos no reconocieron plenamente Su cuidado. Luego, en el capítulo 2, se observa que no todo territorio debía ser tomado: Dios les indica qué pueblos debían dejar en paz y qué camino debían seguir. Esto enseña algo muy importante: velar no es solamente saber cuándo avanzar; también es reconocer cuándo Dios dice no pases por ahí. Hay momentos para avanzar, momentos para esperar y momentos para respetar límites establecidos por Dios. Para el creyente, esto lleva a una aplicación muy práctica: no basta con conocer la Palabra; hay que vigilar aquello que puede distorsionarla el miedo, la presión, la impaciencia, la comparación o el deseo de controlar el resultado, y aprender a responder desde la confianza. Para el Cuerpo de Cristo, Moisés también recuerda que una generación puede aprender de los errores de otra: la memoria no se conserva para condenar el pasado, sino para evitar repetirlo. Cada creyente tiene responsabilidad personal sobre cómo responde a lo que Dios ya habló, pero también existe una responsabilidad comunitaria: animarse, exhortarse y ayudarse a permanecer firmes. Deuteronomio 1 y 2 deja una enseñanza preciosa para este mes: velar es permanecer despiertos ante lo que ocurre dentro y fuera; permanecer firmes es darle mayor peso a la Palabra que a las circunstancias; caminar en amor es ayudar a otros a no caer en el mismo miedo; y aguardar a Cristo Jesús es continuar avanzando con fidelidad, sin adelantarse a Dios ni quedarse atrás por miedo. Dios sigue siendo fiel en cada etapa; el desafío del creyente es permanecer atento, confiar en Su dirección y seguir caminando.
