Martes 14 Julio 2026
Levítico 26
LECTURA DIARIA


LEVÍTICO 26:1-4, 11-13, 40-42, 44-45
No haréis para vosotros ídolos, ni escultura, ni os levantaréis estatua, ni pondréis en vuestra tierra piedra pintada para inclinaros a ella; porque yo soy Jehová vuestro Dios. Guardad mis días de reposo, y tened en reverencia mi santuario. Yo Jehová. Si anduviereis en mis decretos y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por obra, yo daré vuestra lluvia en su tiempo, y la tierra rendirá sus productos, y el árbol del campo dará su fruto.
Y pondré mi morada en medio de vosotros, y mi alma no os abominará; y andaré entre vosotros, y yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo. Yo Jehová vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto, para que no fueseis sus siervos, y rompí las coyundas de vuestro yugo, y os he hecho andar con el rostro erguido.
Y confesarán su iniquidad, y la iniquidad de sus padres, por su prevaricación con que prevaricaron contra mí; y también porque anduvieron conmigo en oposición, yo también habré andado en contra de ellos, y los habré hecho entrar en la tierra de sus enemigos; y entonces se humillará su corazón incircunciso, y reconocerán su pecado. Entonces yo me acordaré de mi pacto con Jacob, y asimismo de mi pacto con Isaac, y también de mi pacto con Abraham me acordaré, y haré memoria de la tierra.
Y aun con todo esto, estando ellos en tierra de sus enemigos, yo no los desecharé, ni los abominaré para consumirlos, invalidando mi pacto con ellos; porque yo Jehová soy su Dios. Antes me acordaré de ellos por el pacto antiguo, cuando los saqué de la tierra de Egipto a los ojos de las naciones, para ser su Dios. Yo Jehová.
Levítico 26 nos revela que el corazón de Dios siempre ha sido formar un pueblo que camine cerca de Él, no por obligación, sino por amor y confianza. Las bendiciones y las consecuencias que presenta este capítulo no son dos caras de un Dios cambiante, sino la expresión de un Padre que desea preservar la comunión con Sus hijos. En el pensamiento oriental, el pacto era una relación viva de fidelidad; permanecer en él significaba disfrutar de la presencia, el cuidado y la provisión de Dios, mientras que alejarse de Él inevitablemente traía las consecuencias de vivir lejos de la fuente de la vida. Sin embargo, aun cuando el pueblo quebrantaba el pacto, Dios no cerraba la puerta a la esperanza; esperaba su arrepentimiento para restaurarlo, porque Su misericordia siempre era mayor que su fracaso.
Este capítulo nos recuerda que la santidad no consiste en cumplir reglas para ganar el favor de Dios, sino en permanecer cerca de Aquel que ya nos ha amado y ha extendido Su gracia. Mientras aguardamos el retorno de Cristo Jesús, vivamos firmes en santidad, fortalecidos en la gracia y confiando en que nuestro Padre amado sigue buscando corazones dispuestos a caminar con Él. Porque el mayor privilegio del creyente no es recibir las bendiciones de Dios, sino disfrutar cada día de Su presencia, donde siempre hay restauración, dirección y esperanza.
La mayor bendición no es recibir algo de Dios, sino caminar con Él. Levítico 26 nos recuerda que nuestro Padre amado anhela una relación cercana con Sus hijos. Mientras aguardamos el retorno de Cristo Jesús, permanezcamos firmes en santidad, fortalecidos en la gracia y disfrutando cada día de Su presencia, porque allí encontramos dirección, restauración y una esperanza que nunca será defraudada.
JUAN 14:23
Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.
