Martes 15 Septiembre 2026

Deuteronomio 19 y 20

LECTURA DIARIA

DEUTERONOMIO 19:4, 15-20

Y este es el caso del homicida que huirá allí, y vivirá: aquel que hiriere a su prójimo sin intención y sin haber tenido enemistad con él anteriormente;

No se tomará en cuenta a un solo testigo contra ninguno en cualquier delito ni en cualquier pecado, en relación con cualquiera ofensa cometida. Solo por el testimonio de dos o tres testigos se mantendrá la acusación. Cuando se levantare testigo falso contra alguno, para testificar contra él, entonces los dos litigantes se presentarán delante de Jehová, y delante de los sacerdotes y de los jueces que hubiere en aquellos días. Y los jueces inquirirán bien; y si aquel testigo resultare falso, y hubiere acusado falsamente a su hermano, entonces haréis a él como él pensó hacer a su hermano; y quitarás el mal de en medio de ti. Y los que quedaren oirán y temerán, y no volverán a hacer más una maldad semejante en medio de ti.

DEUTERONOMIO 20:1, 3-4, 8, 19

Cuando salgas a la guerra contra tus enemigos, si vieres caballos y carros, y un pueblo más grande que tú, no tengas temor de ellos, porque Jehová tu Dios está contigo, el cual te sacó de tierra de Egipto.

y les dirá: Oye, Israel, vosotros os juntáis hoy en batalla contra vuestros enemigos; no desmaye vuestro corazón, no temáis, ni os azoréis, ni tampoco os desalentéis delante de ellos; porque Jehová vuestro Dios va con vosotros, para pelear por vosotros contra vuestros enemigos, para salvaros.

Y volverán los oficiales a hablar al pueblo, y dirán: ¿Quién es hombre medroso y pusilánime? Vaya, y vuélvase a su casa, y no apoque el corazón de sus hermanos, como el corazón suyo.

Cuando sities a alguna ciudad, peleando contra ella muchos días para tomarla, no destruirás sus árboles metiendo hacha en ellos, porque de ellos podrás comer; y no los talarás, porque el árbol del campo no es hombre para venir contra ti en el sitio.

Deuteronomio 19 y 20 muestran a un Padre amado que enseña a Su pueblo a caminar con justicia, orden y confianza aun cuando enfrente situaciones difíciles. Las ciudades de refugio revelan una sociedad donde la vida humana tenía un valor que debía ser protegido: quien causaba una muerte accidental podía encontrar un lugar seguro mientras se aclaraban los hechos, evitando que la venganza inmediata dominara la justicia; en aquella cultura, donde el “vengador de la sangre” podía actuar movido por el honor familiar, Dios establece límites para que la justicia no se convierta en violencia. También manda respetar los límites de las heredades y establece el principio de que un asunto debía confirmarse por testigos, porque “por dicho de dos testigos, o por dicho de tres testigos, se establecerá el asunto”. En el capítulo 20, antes de enfrentar al enemigo, el pueblo recibe una palabra que toca directamente el corazón: “No desmaye vuestro corazón, no temáis, ni os azoréis, ni tampoco os aterroricéis delante de ellos; porque Jehová vuestro Dios va con vosotros, para pelear por vosotros contra vuestros enemigos, para salvaros”. Qué hermoso contraste: justicia sin venganza, firmeza sin crueldad, valentía sin autosuficiencia. Incluso antes de la batalla se consideraban situaciones personales que podían impedir que alguien estuviera plenamente disponible, mostrando que Dios conocía la realidad de Su pueblo y no trataba a todos como una masa sin historia. Para el creyente, estos capítulos enseñan a velar sobre dos áreas: cómo responde cuando es herido y cómo responde cuando tiene miedo; no permitir que la ofensa nos convierta en vengadores ni que el desafío nos haga olvidar quién va delante. El Padre amado establece límites para proteger la vida, ordena la justicia para preservar la comunidad y fortalece el corazón antes de enfrentar la competencia espiritual. Así, mientras avanzamos, podemos recordar: Dios va delante, el corazón permanece firme, la justicia guía nuestras acciones, el temor no gobierna, confiamos en Su presencia, seguimos caminando en amor, aguardando fielmente el retorno de Cristo Jesús.

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