Martes 16 Junio 2026
Levítico 11 y 12
LECTURA DIARIA


LEVÍTICO 11:44-47
Porque yo soy Jehová vuestro Dios; vosotros por tanto os santificaréis, y seréis santos, porque yo soy santo; así que no contaminéis vuestras personas con ningún animal que se arrastre sobre la tierra. Porque yo soy Jehová, que os hago subir de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios: seréis, pues, santos, porque yo soy santo. Esta es la ley acerca de las bestias, y las aves, y todo ser viviente que se mueve en las aguas, y todo animal que se arrastra sobre la tierra, para hacer diferencia entre lo inmundo y lo limpio, y entre los animales que se pueden comer y los animales que no se pueden comer.
LEVÍTICO 12:6-8
Cuando los días de su purificación fueren cumplidos, por hijo o por hija, traerá un cordero de un año para holocausto, y un palomino o una tórtola para expiación, a la puerta del tabernáculo de reunión, al sacerdote; y él los ofrecerá delante de Jehová, y hará expiación por ella, y será limpia del flujo de su sangre. Esta es la ley para la que diere a luz hijo o hija. Y si no tiene lo suficiente para un cordero, tomará entonces dos tórtolas o dos palominos, uno para holocausto y otro para expiación; y el sacerdote hará expiación por ella, y será limpia.
*En Levítico 11 y 12 nuestro Padre amado continúa enseñando a Israel la importancia de vivir apartados para Él en cada aspecto de la vida. A través de las leyes sobre los animales limpios e inmundos y las instrucciones relacionadas con la purificación después del nacimiento, Dios estaba formando en Su pueblo una conciencia constante de que pertenecían a Él y debían distinguirse de las naciones que los rodeaban. Más allá de los alimentos o las ceremonias, el principio profundo era aprender a discernir entre lo que acerca a Dios y lo que aleja de Su propósito. En el pensamiento hebreo, la santidad no era algo reservado para momentos de adoración, sino una forma de vivir diariamente. Por eso Dios repite: “Sed santos, porque yo soy santo”. Estos capítulos nos recuerdan que la fe genuina influye en las decisiones cotidianas, en los hábitos, en las prioridades y en la manera de vivir. Hoy, en Cristo Jesús, ya no estamos bajo estas regulaciones ceremoniales, pero el llamado a la santidad permanece vigente.* Mientras aguardamos el retorno de Cristo Jesús, somos llamados a caminar por fe con discernimiento, permitiendo que la Palabra de Dios nos ayude a distinguir lo que edifica de lo que perjudica nuestra comunión con Él. Porque una vida firme no se construye solamente en los grandes momentos espirituales, sino en las decisiones diarias que reflejan que pertenecemos a nuestro Padre amado y deseamos honrarlo en todo lo que hacemos.
Cada día tomamos decisiones que revelan qué ocupa el primer lugar en nuestro corazón. Así como Israel debía aprender a distinguir entre lo limpio y lo inmundo, nosotros también somos llamados a discernir qué pensamientos, conversaciones, hábitos y prioridades fortalecen o debilitan nuestra comunión con Dios. Mientras aguardamos el retorno de Cristo Jesús, permitamos que la Palabra de Dios forme nuestro criterio y dirija nuestras decisiones. Porque una fe firme se desarrolla cuando aprendemos a escoger diariamente aquello que nos acerca más a nuestro Padre amado y refleja el carácter de Cristo Jesús en nuestra vida.
1 Pedro 1:15-16
“Sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.”
