Martes 17 Marzo 2026
Génesis 46, 47
LECTURA DIARIA


Génesis 46:2-4, 29
Y habló Dios a Israel en visiones de noche, y dijo: Jacob, Jacob. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: Yo soy Dios, el Dios de tu padre; no temas de descender a Egipto, porque allí yo haré de ti una gran nación. Yo descenderé contigo a Egipto, y yo también te haré volver; y la mano de José cerrará tus ojos.
Y José unció su carro y vino a recibir a Israel su padre en Gosén; y se manifestó a él, y se echó sobre su cuello, y lloró sobre su cuello largamente.
Génesis 47:9, 12, 28
Y Jacob respondió a Faraón: Los días de los años de mi peregrinación son ciento treinta años; pocos y malos han sido los días de los años de mi vida, y no han llegado a los días de los años de la vida de mis padres en los días de su peregrinación.
Y alimentaba José a su padre y a sus hermanos, y a toda la casa de su padre, con pan, según el número de los hijos.
Y vivió Jacob en la tierra de Egipto diecisiete años; y fueron los días de Jacob, los años de su vida, ciento cuarenta y siete años.
En Génesis 46 y 47 vemos cómo nuestro Padre amado sigue guiando la historia de Jacob y su familia en un momento decisivo. Antes de descender a Egipto, Jacob busca a Dios y ofrece sacrificios en Beerseba; en la cultura oriental, detenerse a adorar antes de emprender un viaje importante era una forma de reconocer que el camino debía comenzar bajo la dirección de Dios. Allí Papá le habla y le asegura que no tenga temor de descender a Egipto, porque de su descendencia hará una gran nación. Al llegar, José presenta a su familia ante Faraón, y ellos se establecen en la tierra de Gosén, un lugar apropiado para pastores. Esto también refleja un detalle cultural importante: en Egipto los pastores eran vistos con desprecio, por lo que vivir en Gosén permitía a la familia mantenerse separada y conservar su identidad. En medio de la crisis de hambre que azotaba la tierra, vemos cómo Dios usa la sabiduría que había dado a José para preservar vidas y sostener a su familia. Estos capítulos nos enseñan algo muy práctico: caminar con Dios implica aprender a detenernos para buscar Su dirección antes de tomar decisiones importantes, confiar cuando el Padre nos guía a lugares desconocidos y mantenernos firmes en nuestra identidad aun cuando el entorno sea diferente. Cuando vivimos atentos a la voz de Papá, Él ordena nuestros pasos, cuida de nuestra provisión y convierte incluso los cambios grandes de la vida en parte de Su propósito para nosotros.
