Martes 18 Agosto 2026
Números 22 y 23
LECTURA DIARIA


NÚMEROS 22:1, 3-6, 12, 18, 20
Partieron los hijos de Israel, y acamparon en los campos de Moab junto al Jordán, frente a Jericó.
Y Moab tuvo gran temor a causa del pueblo, porque era mucho; y se angustió Moab a causa de los hijos de Israel. Y dijo Moab a los ancianos de Madián: Ahora lamerá esta gente todos nuestros contornos, como lame el buey la grama del campo. Y Balac hijo de Zipor era entonces rey de Moab. Por tanto, envió mensajeros a Balaam hijo de Beor, en Petor, que está junto al río en la tierra de los hijos de su pueblo, para que lo llamasen, diciendo: Un pueblo ha salido de Egipto, y he aquí cubre la faz de la tierra, y habita delante de mí. Ven pues, ahora, te ruego, maldíceme este pueblo, porque es más fuerte que yo; quizá yo pueda herirlo y echarlo de la tierra; pues yo sé que el que tú bendigas será bendito, y el que tú maldigas será maldito.
Entonces dijo Dios a Balaam: No vayas con ellos, ni maldigas al pueblo, porque bendito es.
Y Balaam respondió y dijo a los siervos de Balac: Aunque Balac me diese su casa llena de plata y oro, no puedo traspasar la palabra de Jehová mi Dios para hacer cosa chica ni grande.
Y vino Dios a Balaam de noche, y le dijo: Si vinieron para llamarte estos hombres, levántate y vete con ellos; pero harás lo que yo te diga.
NÚMEROS 23:7-8, 11, 13, 18-21, 23
Y él tomó su parábola, y dijo: De Aram me trajo Balac, Rey de Moab, de los montes del oriente; Ven, maldíceme a Jacob, Y ven, execra a Israel. ¿Por qué maldeciré yo al que Dios no maldijo? ¿Y por qué he de execrar al que Jehová no ha execrado?
Entonces Balac dijo a Balaam: ¿Qué me has hecho? Te he traído para que maldigas a mis enemigos, y he aquí has proferido bendiciones.
Y dijo Balac: Te ruego que vengas conmigo a otro lugar desde el cual los veas; solamente los más cercanos verás, y no los verás todos; y desde allí me los maldecirás.
Entonces él tomó su parábola, y dijo: Balac, levántate y oye; Escucha mis palabras, hijo de Zipor: Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará? He aquí, he recibido orden de bendecir; Él dio bendición, y no podré revocarla. No ha notado iniquidad en Jacob, Ni ha visto perversidad en Israel. Jehová su Dios está con él, Y júbilo de rey en él.
Porque contra Jacob no hay agüero, Ni adivinación contra Israel. Como ahora, será dicho de Jacob y de Israel: ¡Lo que ha hecho Dios!
Números 22 y 23 nos permiten mirar el camino desde una perspectiva que Israel todavía no podía ver: mientras el pueblo seguía avanzando por el desierto, enfrentando sus propias luchas y sin saber lo que estaba sucediendo a sus espaldas, Balac estaba intentando detenerlo por medio del temor y Balaam era llamado para pronunciar una maldición; sin embargo, Dios muestra que Su propósito no depende de lo que otros puedan planear, decir o intentar. En el mundo oriental antiguo, las palabras de bendición y maldición pronunciadas públicamente tenían un peso enorme y se consideraban capaces de invocar favor o desgracia, por eso Balac lleva a Balaam de un lugar a otro esperando encontrar una posición desde la cual pudiera cambiar el resultado; pero cambiar el lugar no podía cambiar la voluntad de Dios. Balaam levanta altares, ofrece sacrificios y espera una respuesta, pero cada vez que abre su boca termina declarando lo contrario de lo que Balac esperaba: «¿Cómo maldeciré yo al que Dios no ha maldecido?»; y luego proclama: «Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta». Balac quería controlar lo que Dios había determinado; Dios demostró que nadie puede manipular Su propósito. Balac veía a Israel como una amenaza que debía ser destruida; Dios veía un pueblo que había decidido bendecir. Balac buscaba una palabra que derribara; Dios hizo que de aquella misma boca saliera una palabra de bendición. Y mientras todo esto ocurría, Israel ni siquiera sabía que estaba siendo defendido. Esto toca profundamente al Cuerpo de Cristo: hay batallas que nunca veremos porque nuestro Padre amado las está tratando mientras nosotros simplemente seguimos caminando. No necesitamos vivir pendientes de quién habla de nosotros, quién se opone, quién intenta cerrar una puerta o qué se está moviendo detrás de escena; nuestra responsabilidad es permanecer fieles en aquello que Dios nos ha confiado. Esto no significa ignorar el discernimiento ni caminar ingenuamente, sino aprender a distinguir entre lo que debemos enfrentar y aquello que debemos entregar a Dios. ¿Cuántas veces hemos perdido paz tratando de controlar una situación que nunca estuvo bajo nuestro control? ¿Cuántas veces hemos permitido que una palabra ajena determine nuestra percepción de lo que Dios ya dijo sobre nosotros? Números 22-23 nos enseña a no permitir que la voz de otros sea más fuerte que la Palabra de Dios. Y hay algo todavía más profundo: Balaam podía pronunciar palabras correctas sin tener un corazón completamente rendido; por eso el capítulo también nos advierte que no basta con hablar lo que Dios dice; necesitamos caminar en obediencia a lo que Dios dice. Para nosotros, avanzar con constancia significa seguir dando el siguiente paso aunque no conozcamos todas las batallas que están ocurriendo alrededor, confiar cuando no vemos, obedecer cuando no entendemos todo y descansar cuando no podemos controlar el resultado. Mientras aguardamos fielmente el retorno de Cristo Jesús, permanezcamos velando, firmes en la fe, esforzándonos y haciendo todas las cosas con amor, corriendo con paciencia y puestos los ojos en Jesús. Porque mientras nosotros vemos solamente el tramo de camino que tenemos delante, Dios ve el camino completo; mientras nosotros caminamos, Él permanece obrando; y mientras otros pueden intentar hablar contra nosotros, nuestra seguridad descansa en lo que Dios ha hablado a nuestro favor.
