Martes 19 Mayo 2026
Éxodo 35 y 36
LECTURA DIARIA


ÉXODO 35:5, 10, 21-22, 24, 29-31, 35
Tomad de entre vosotros ofrenda para Jehová; todo generoso de corazón la traerá a Jehová; oro, plata, bronce,
Todo sabio de corazón de entre vosotros vendrá y hará todas las cosas que Jehová ha mandado:
Y vino todo varón a quien su corazón estimuló, y todo aquel a quien su espíritu le dio voluntad, con ofrenda a Jehová para la obra del tabernáculo de reunión y para toda su obra, y para las sagradas vestiduras. Vinieron así hombres como mujeres, todos los voluntarios de corazón, y trajeron cadenas y zarcillos, anillos y brazaletes y toda clase de joyas de oro; y todos presentaban ofrenda de oro a Jehová.
Todo el que ofrecía ofrenda de plata o de bronce traía a Jehová la ofrenda; y todo el que tenía madera de acacia la traía para toda la obra del servicio.
De los hijos de Israel, así hombres como mujeres, todos los que tuvieron corazón voluntario para traer para toda la obra, que Jehová había mandado por medio de Moisés que hiciesen, trajeron ofrenda voluntaria a Jehová. Y dijo Moisés a los hijos de Israel: Mirad, Jehová ha nombrado a Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá; y lo ha llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría, en inteligencia, en ciencia y en todo arte,
y los ha llenado de sabiduría de corazón, para que hagan toda obra de arte y de invención, y de bordado en azul, en púrpura, en carmesí, en lino fino y en telar, para que hagan toda labor, e inventen todo diseño.
ÉXODO 36:1, 3-7
Así, pues, Bezaleel y Aholiab, y todo hombre sabio de corazón a quien Jehová dio sabiduría e inteligencia para saber hacer toda la obra del servicio del santuario, harán todas las cosas que ha mandado Jehová.
Y tomaron de delante de Moisés toda la ofrenda que los hijos de Israel habían traído para la obra del servicio del santuario, a fin de hacerla. Y ellos seguían trayéndole ofrenda voluntaria cada mañana. Tanto, que vinieron todos los maestros que hacían toda la obra del santuario, cada uno de la obra que hacía, y hablaron a Moisés, diciendo: El pueblo trae mucho más de lo que se necesita para la obra que Jehová ha mandado que se haga. Entonces Moisés mandó pregonar por el campamento, diciendo: Ningún hombre ni mujer haga más para la ofrenda del santuario. Así se le impidió al pueblo ofrecer más; pues tenían material abundante para hacer toda la obra, y sobraba.
En Éxodo 35 y 36 se ve después de fallar gravemente con el becerro de oro, el pueblo ahora tiene una nueva oportunidad de responderle a nuestro Padre amado desde un corazón restaurado. Y lo hermoso es que Dios no los desecha; les permite participar nuevamente en Su obra. Esto revela una verdad demasiado poderosa: nuestro Padre amado no está buscando personas perfectas, sino corazones sensibles que estén dispuestos a volver, obedecer y caminar cerca de Él. En el pensamiento oriental, construir el tabernáculo no era simplemente levantar una estructura; representaba preparar un lugar para la presencia de Dios en medio del pueblo.Cada hilo, cada ofrenda y cada trabajo manual hablaban de personas comunes entregando lo que tenían para algo eterno.
También impacta ver que Dios llena de sabiduría y habilidad a personas. Esto enseña que la espiritualidad verdadera no se limita a palabras o momentos emocionales; también se refleja en cómo alguien trabaja, sirve, administra, ayuda y usa sus capacidades diariamente. Muchas veces las personas piensan que solo “lo visible” o “lo ministerial” tiene valor espiritual, pero esta lectura muestra que incluso los talentos prácticos pueden glorificar profundamente a Dios cuando nacen de un corazón dispuesto.
Y algo demasiado hermoso sucede: el pueblo comienza a dar voluntariamente con tanta disposición que sobra material. Esto confronta muchísimo la actualidad, porque el corazón agradecido no vive preguntando cuánto es lo mínimo que debe hacer, sino cómo puede honrar más a Dios con lo que es y tiene. La obediencia deja de ser carga cuando existe amor genuino y conciencia de la gracia recibida.
Velar es cuidar que el corazón no vuelva a endurecerse después de haber sido restaurado.
Estar firmes es servir y obedecer aun en lo cotidiano y aparentemente pequeño.
Esforzarse en amor es usar dones, tiempo y capacidades para edificar y bendecir a otros.
La verdadera madurez espiritual se refleja en una vida disponible, sensible y agradecida delante de nuestro Padre amado.
Cuando una persona comprende la misericordia de Dios, deja de vivir espiritualmente distraída o indiferente, y comienza a entregar su vida con intención, excelencia y amor. Porque quien permanece cerca de nuestro Padre amado termina entendiendo que hasta las cosas más simples pueden convertirse en una expresión viva de la gloria de Cristo Jesús en sus vidas
