Martes 20 Octubre 2026
Jueces 1 y 2
LECTURA DIARIA


JUECES 1:1-2, 27-29
Aconteció después de la muerte de Josué, que los hijos de Israel consultaron a Jehová, diciendo: ¿Quién de nosotros subirá primero a pelear contra los cananeos? Y Jehová respondió: Judá subirá; he aquí que yo he entregado la tierra en sus manos.
Tampoco Manasés arrojó a los de Bet-seán, ni a los de sus aldeas, ni a los de Taanac y sus aldeas, ni a los de Dor y sus aldeas, ni a los habitantes de Ibleam y sus aldeas, ni a los que habitan en Meguido y en sus aldeas; y el cananeo persistía en habitar en aquella tierra. Pero cuando Israel se sintió fuerte hizo al cananeo tributario, mas no lo arrojó. Tampoco Efraín arrojó al cananeo que habitaba en Gezer, sino que habitó el cananeo en medio de ellos en Gezer.
JUECES 2:2-3, 10, 16, 18
con tal que vosotros no hagáis pacto con los moradores de esta tierra, cuyos altares habéis de derribar; mas vosotros no habéis atendido a mi voz. ¿Por qué habéis hecho esto? Por tanto, yo también digo: No los echaré de delante de vosotros, sino que serán azotes para vuestros costados, y sus dioses os serán tropezadero.
Y toda aquella generación también fue reunida a sus padres. Y se levantó después de ellos otra generación que no conocía a Jehová, ni la obra que él había hecho por Israel.
Y Jehová levantó jueces que los librasen de mano de los que les despojaban;
Y cuando Jehová les levantaba jueces, Jehová estaba con el juez, y los libraba de mano de los enemigos todo el tiempo de aquel juez; porque Jehová era movido a misericordia por sus gemidos a causa de los que los oprimían y afligían.
Jueces 1 y 2 nos muestran una advertencia muy seria para el creyente de hoy: no basta con comenzar obedeciendo; necesitamos perseverar hasta completar aquello que Dios nos ha mandado. Después de la muerte de Josué, Israel consultó a Jehová para saber quién subiría primero a luchar contra los cananeos. Al principio vemos al pueblo buscando dirección y obteniendo victorias, pero, poco a poco, el relato revela una obediencia incompleta: varias tribus no expulsaron a los habitantes de la tierra, sino que permitieron que permanecieran entre ellas. Lo que parecía una solución conveniente terminó convirtiéndose en una influencia que afectaría su fidelidad. ¡Cuánto necesitamos examinar nuestro corazón! A veces comenzamos con entusiasmo, reconocemos lo que debemos corregir y damos pasos firmes, pero después hacemos concesiones, toleramos aquello que debilita nuestra vida espiritual o dejamos para mañana una obediencia que ya comprendimos hoy. El peligro no siempre comienza con un rechazo abierto a Dios; a veces empieza cuando nos acostumbramos a vivir con aquello que sabemos que debemos ordenar. En Jueces 2, el ángel de Jehová confronta al pueblo por no haber obedecido Su voz, y más adelante aparece una de las advertencias más dolorosas de la Escritura: se levantó otra generación «que no conocía a Jehová, ni la obra que él había hecho por Israel». No significa necesariamente que nunca hubieran oído hablar de Dios, sino que no habían llegado a conocerle de manera que su fidelidad transformara sus decisiones. La generación anterior no había logrado transmitir de forma efectiva el conocimiento de Jehová y Sus obras. Esto nos llama a reflexionar sobre nuestra responsabilidad en el hogar y en el Cuerpo de Cristo: no basta con que los niños y los nuevos creyentes escuchen nuestras palabras; necesitan ver una fe viva, coherente y perseverante. El capítulo describe entonces un ciclo doloroso: Israel se apartaba de Jehová, sufría las consecuencias, clamaba a Él y recibía un libertador; pero, después de cada liberación, volvía a desviarse. ¡Qué advertencia para nosotros! No debemos buscar a Dios únicamente cuando las cosas salen mal; debemos permanecer cerca de Él también cuando todo parece estar en orden. La gracia de nuestro Padre amado nos llama a volver, nos sostiene y nos enseña a caminar de nuevo, pero no es una invitación a conformarnos con una obediencia a medias. Velar es reconocer las concesiones que están debilitando nuestra fidelidad; permanecer firmes es corregir el rumbo y obedecer con amor. Hoy preguntémonos: ¿qué asunto he dejado sin resolver delante de Dios?, ¿qué influencia está debilitando mi comunión con Él?, ¿qué ejemplo de fe estoy dejando a quienes vienen detrás? No nos conformemos con haber comenzado bien ni dependamos de las victorias de ayer. Guardemos la Palabra, transmitamos la verdad con nuestra enseñanza y nuestro ejemplo, y perseveremos aun cuando obedecer exija esfuerzo. Que nuestra vida no forme parte de un ciclo de alejamiento y regreso motivado solamente por la necesidad, sino de una relación constante con Jehová, nacida de la gratitud, fortalecida por Su gracia y demostrada en una obediencia diaria, mientras aguardamos el retorno de nuestro Señor Jesucristo.
